La muerte de tres combatientes saharauis el pasado 8 de junio en un ataque atribuido a drones marroquíes ha vuelto a poner el foco sobre una realidad cada vez más evidente: la guerra del Sáhara Occidental está cambiando. El uso creciente de sistemas no tripulados ha modificado las condiciones del conflicto y ha aumentado la vulnerabilidad tanto de combatientes como de civiles en amplias zonas del territorio.
Diversos análisis publicados en los últimos años coinciden en señalar que la incorporación de tecnología militar avanzada por parte de Marruecos ha alterado el equilibrio sobre el terreno. Las autoridades saharauis denuncian además que estos ataques han provocado centenares de víctimas desde la reanudación de la guerra en noviembre de 2020, muchas de ellas civiles saharauis, mauritanos y argelinos.
La muerte de Lahbib Mohamed Abdelaziz ha tenido una gran repercusión mediática por su relevancia política y simbólica. Sin embargo, junto a él murieron también Ghali Loushaa y Salek Mohsen. Este último había participado de niño en el programa Vacaciones en Paz y mantuvo durante años vínculos con una familia española de acogida. De Ghali Loushaa apenas han trascendido datos públicos, aunque diversas fuentes señalan que tenía lazos familiares en Smara.
La guerra del Sáhara Occidental sigue siendo una de las más silenciadas del mundo. Sin embargo, la evolución tecnológica del conflicto y el creciente uso de drones demuestran que la situación dista mucho de estar congelada o resuelta.
Fuente: Agencias. Adaptado de informaciones y análisis publicados en medios españoles.
