OBSERVADOR SAHARAUI | Breve: Mohamed Salem, el joven saharaui que cultiva futuro en medio del desierto

Mohamed Salem, un joven saharaui de 23 años, ha sido reconocido con el premio Joven por el Clima 2025 en Nueva York por su «jardín nómada» en los campamentos de refugiados de Smara. Su proyecto innovador busca producir alimentos frescos en condiciones adversas, promoviendo soberanía alimentaria y enseñando a los niños sobre agricultura y esperanza.

El proyecto del artista y agricultor saharaui Mohamed Salem, impulsor de un “jardín nómada” en los campamentos de refugiados, ha sido reconocido en Nueva York con el premio Joven por el Clima 2025, entregado en el MoMA.

Mohamed Salem tiene 23 años, es saharaui, artista y agricultor, y ha levantado en el campamento de refugiados de Smara un pequeño huerto experimental al que llama “jardín nómada”. En medio de la arena, el viento y unas condiciones climáticas extremas, su proyecto busca algo tan sencillo y tan profundo como producir alimentos frescos y abrir un camino hacia una mayor soberanía alimentaria en los campamentos saharauis. El proyecto obtuvo en 2025 el premio Joven por el Clima, entregado en el MoMA de Nueva York.

El jardín funciona mediante un sistema adaptado al desierto que utiliza arena, agua y fertilización natural en un ciclo cerrado. Con ese método, Salem cultiva tomates, lechugas, calabacines, sandías, cilantro, berenjenas, pimientos y otros productos de huerta orgánica. No se trata solo de una experiencia agrícola: es también una forma de demostrar que, incluso en condiciones durísimas, la creatividad saharaui puede abrir espacios de vida, aprendizaje y esperanza.

El proyecto tiene, además, una dimensión cultural muy importante. Salem vincula la agricultura con la tradición nómada saharaui y ha imaginado incluso un huerto móvil, capaz de desplazarse sobre ruedas, como símbolo de una posible relación entre memoria, adaptación e innovación. La idea no borra la identidad nómada del pueblo saharaui; al contrario, dialoga con ella desde una realidad impuesta por el exilio, la guerra y la vida prolongada en los campamentos de refugiados.

El jardín se ha convertido también en un espacio de aprendizaje para niños y niñas. A través del programa Un metro de arte, Salem les invita a observar plantas y animales, realizar pequeños experimentos, dibujar, compartir ideas y plantar un árbol como símbolo de crecimiento y responsabilidad. En un pueblo obligado a vivir lejos de su tierra, este tipo de iniciativas no sustituyen la reivindicación política ni el derecho al retorno, pero sí muestran la capacidad de una juventud saharaui que resiste, crea y piensa el futuro desde las condiciones más difíciles.

Fuente: artículo de Miguel Ángel Fernández en CLIMÁTICA, “Del Sáhara al MoMA: el huerto que busca soberanía alimentaria en medio del desierto”

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