En un contexto de creciente competencia regional, Argelia ha dado un nuevo paso para reforzar su influencia en el Sahel al anunciar la apertura del puerto de Djen Djen como puerta comercial para los países sin salida al mar de la región. La iniciativa se presenta como una alternativa a los proyectos impulsados por Marruecos en el frente atlántico africano, evidenciando la intensificación de la rivalidad estratégica entre ambos países.
La propuesta argelina, formulada en el marco de contactos diplomáticos con países del Sahel, busca consolidar una red logística basada en infraestructuras terrestres y marítimas que conecten el norte de África con el interior del continente. Entre los elementos clave se encuentran la ruta transahariana y los proyectos de interconexión, que Argel considera instrumentos para fortalecer su papel como actor económico y político en la región.
Este movimiento se produce en paralelo a la estrategia marroquí de ofrecer acceso al Atlántico a los países del Sahel, una iniciativa que ha sido bien recibida por varios gobiernos de la zona y que forma parte de una política más amplia de proyección africana por parte de Rabat. La competencia entre ambas propuestas refleja un cambio de escala en la rivalidad entre Marruecos y Argelia, que trasciende el plano bilateral para proyectarse sobre el conjunto del Sahel.
En este escenario, el Sáhara Occidental aparece como un elemento de fondo que condiciona estas dinámicas. Aunque no se mencione de forma explícita en todos los movimientos, el conflicto sigue influyendo en alianzas, reconocimientos diplomáticos y posicionamientos regionales. La retirada del reconocimiento de la República Saharaui por parte de algunos países del Sahel en los últimos años ilustra hasta qué punto estas relaciones están atravesadas por el conflicto.
La iniciativa del puerto de Djen Djen puede interpretarse así no solo como un proyecto económico, sino como una herramienta geopolítica destinada a equilibrar la creciente presencia de Marruecos en África occidental. Al mismo tiempo, refleja la voluntad de Argelia de recuperar protagonismo en una región donde su influencia ha sido cuestionada en los últimos años.
Más allá de los detalles concretos de cada proyecto, la tendencia es clara: el Sahel se consolida como un espacio clave en la rivalidad entre Marruecos y Argelia. Y en ese tablero, el Sáhara Occidental sigue siendo un elemento central, aunque a menudo implícito, de una disputa que combina infraestructuras, diplomacia y posicionamiento estratégico.
