La campaña para las elecciones legislativas marroquíes del próximo 23 de septiembre discurre con la relación con España y las grandes líneas de política exterior prácticamente fuera de la competición entre partidos. Según recoge Europa Press, estos ámbitos responden en Marruecos a decisiones estratégicas vinculadas fundamentalmente a la monarquía y no al Gobierno que pueda resultar de las urnas.
Aunque durante la campaña algunos dirigentes políticos han introducido las reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla, el margen de los partidos para modificar la política exterior es limitado. El propio ministro español José Manuel Albares señaló recientemente que Rabat había enmarcado algunas de esas declaraciones en el contexto electoral y en la condición partidista de quienes las pronunciaban.
Esta característica del sistema político marroquí explica que cuestiones estratégicas como las relaciones con España o las principales orientaciones internacionales mantengan una importante continuidad independientemente de la mayoría parlamentaria. Análisis recientes sobre las elecciones del 23-S coinciden en señalar que, pese a la regularidad de los procesos electorales y al papel formal del Parlamento y el Gobierno, la monarquía conserva una influencia decisiva sobre áreas fundamentales de la política del Estado.
Las legislativas decidirán la composición de la Cámara de Representantes y el nuevo equilibrio entre los partidos, pero no suponen una disputa electoral equivalente sobre todas las grandes decisiones de política exterior. En ese terreno, la relación bilateral con España queda en buena medida al margen de la alternancia que pueda producirse tras las urnas.
