El conflicto del Sáhara Occidental vuelve a aparecer en espacios culturales, mediáticos y diplomáticos donde hasta hace poco parecía prácticamente ausente.
Durante años, la cuestión del Sáhara Occidental pareció confinada a un escenario muy concreto: resoluciones de Naciones Unidas, comunicados diplomáticos y negociaciones bloqueadas sin apenas impacto internacional real. Pero algo empieza a cambiar lentamente.
El conflicto saharaui vuelve a reaparecer en lugares inesperados. En Cannes, a través de la nueva película de Rodrigo Sorogoyen y Javier Bardem. En debates sobre medios internacionales tras la polémica generada alrededor de TV5MONDE. En universidades latinoamericanas, actos de solidaridad europeos o discusiones sobre memoria colonial y derechos humanos.
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Mientras tanto, Marruecos continúa desarrollando una intensa estrategia de influencia política, diplomática y narrativa destinada a consolidar internacionalmente la idea de que el conflicto está prácticamente cerrado. Sin embargo, la realidad muestra algo diferente: el Sáhara Occidental sigue reapareciendo de forma recurrente allí donde el debate sobre derechos, memoria o geopolítica vuelve a abrirse.
La batalla ya no se libra únicamente en Naciones Unidas o en las cancillerías internacionales. También se juega en el terreno de las imágenes, de los relatos, de la cultura, de las redes sociales y de la capacidad para instalar determinadas narrativas dentro de la conversación internacional.
Quizá esa sea una de las claves del momento actual: el Sáhara Occidental sigue siendo un conflicto políticamente incómodo precisamente porque nunca ha desaparecido del todo.
