Sahara Press Service vincula la crisis de Ceuta con las reivindicaciones territoriales de Marruecos y el Sáhara Occidental

Sahara Press Service considera que la reciente crisis de Ceuta ha reabierto en España el debate sobre las reivindicaciones territoriales marroquíes y sostiene que lo ocurrido no puede analizarse únicamente como un episodio migratorio. En un análisis publicado este viernes, la agencia saharaui relaciona las tensiones en Ceuta y Melilla con una política territorial más amplia desarrollada por Rabat durante décadas.

La agencia recuerda como antecedentes las antiguas reivindicaciones marroquíes sobre Mauritania y zonas fronterizas con Argelia y, especialmente, la ocupación del Sáhara Occidental iniciada en 1975. Desde esa perspectiva, SPS sostiene que el recurso a mecanismos de presión no convencionales puede servir también para mantener abiertas cuestiones de soberanía y trasladarlas nuevamente a la agenda española y europea.

El análisis concede especial importancia al Sáhara Occidental, territorio que Naciones Unidas continúa considerando pendiente de descolonización. Para Sahara Press Service, la experiencia saharaui demuestra que aceptar hechos consumados o sacrificar el derecho internacional en nombre de la estabilidad no garantiza que desaparezcan posteriormente otras reivindicaciones territoriales.

SPS concluye que los acontecimientos de Ceuta deberían llevar a España a reconsiderar una relación con Marruecos excesivamente condicionada por la migración, la seguridad y los intereses económicos, y vuelve a situar la cuestión saharaui como una prueba de la coherencia de Madrid con el derecho internacional y con sus responsabilidades históricas.

Fuente: Sahara Press Service

LECTURA RECOMENDADA | Stephen Zunes sitúa Ceuta en el eje Marruecos-EEUU-Israel y el Sáhara Occidental

El profesor Stephen Zunes argumenta que la crisis en Ceuta es un producto de la presión marroquí sobre España, vinculada a sus relaciones con EE. UU. e Israel y la ocupación del Sáhara Occidental.

El profesor estadounidense Stephen Zunes, especialista en política de Oriente Medio y coautor de Western Sahara: War, Nationalism, and Conflict Irresolution, sostiene en un artículo publicado por The Nation que la entrada masiva en Ceuta no puede entenderse como un fenómeno migratorio espontáneo, sino como una operación de presión marroquí contra España en un momento especialmente favorable para Rabat.

Lo más significativo de su análisis es la conexión que establece entre la crisis de Ceuta y un contexto mucho más amplio. Zunes recuerda el precedente de 2021, vincula la actual presión al acercamiento español a Argelia y vuelve a situar el Sáhara Occidental en el centro de la relación entre Madrid y Rabat. A su juicio, Marruecos lleva años utilizando el control migratorio para obtener concesiones políticas y el giro de Pedro Sánchez de 2022 sería precisamente una muestra de la eficacia de esa estrategia.

El autor va todavía más lejos al introducir la creciente alianza de Marruecos con Estados Unidos e Israel. Señala la hostilidad de Trump y del Gobierno israelí hacia España, recuerda las voces estadounidenses e israelíes favorables a las reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla y plantea que Rabat pudo sentirse respaldado por ese nuevo entorno internacional. Es una hipótesis política de gran interés, aunque conviene distinguirla de lo que puede probarse directamente: la convergencia de intereses entre Rabat, Washington y Tel Aviv está documentada; una coordinación concreta de los tres en la operación de Ceuta no lo está.

Zunes termina enlazando Ceuta con 1975 y con una constante de la política marroquí: utilizar un discurso supuestamente anticolonial mientras mantiene la ocupación del Sáhara Occidental. Su tesis es contundente: la crisis no sería una simple emergencia humanitaria, sino una nueva manifestación de una estrategia marroquí de presión territorial y política, favorecida ahora por el fortalecimiento del eje Marruecos-Estados Unidos-Israel.

👉 Leer el artículo completo de Stephen Zunes en The Nation

Fuente: Stephen Zunes, The Nation, 3 de agosto de 2026.

OBSERVADOR SAHARAUI | Breve: La sombra de Israel en la guerra de drones de Marruecos contra el Sáhara Occidental

Reseña del artículo de Ali Attar sobre la muerte de Lahbib Mohamed Abdelaziz y el papel de la cooperación militar entre Marruecos e Israel en la guerra de drones en el Sáhara Occidental.

La muerte de Lahbib Mohamed Abdelaziz ha vuelto a abrir una cuestión que Marruecos prefiere mantener fuera del debate público: la dimensión tecnológica y militar de la guerra que se libra en el Sáhara Occidental desde la ruptura del alto el fuego en 2020. En un artículo publicado el 9 de junio, Ali Attar sostiene que la muerte del dirigente saharaui revela la sombra de Israel en la guerra de drones marroquí.

El texto parte de un hecho concreto: Lahbib Mohamed Abdelaziz, miembro de la Secretaría Nacional del Frente Polisario y comandante de una unidad de reserva del Ejército de Liberación Popular Saharaui, murió junto a otros dos combatientes saharauis en un contexto atribuido por diversos medios a un ataque con dron marroquí. Rabat no ha reivindicado oficialmente la operación, pero el episodio se inserta en una guerra de baja intensidad cada vez más marcada por la vigilancia, la geolocalización y los ataques a distancia.

La tesis central de Ali Attar es incómoda para quienes intentan presentar la ocupación marroquí como una simple cuestión diplomática: desde la normalización de relaciones entre Marruecos e Israel, Rabat ha reforzado su cooperación militar con Tel Aviv, especialmente en tecnologías de vigilancia, inteligencia y drones. Esa alianza no solo altera el equilibrio militar sobre el terreno, sino que permite a Marruecos proyectar fuerza más allá del muro militar que divide el Sáhara Occidental.

El comentario político es evidente: si Marruecos necesitara únicamente argumentos jurídicos, no recurriría a drones para perseguir a cuadros saharauis en el desierto. La tecnología puede hacer la guerra más precisa, más silenciosa y más difícil de documentar, pero no convierte la ocupación en soberanía ni borra el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación.

La muerte de Lahbib Mohamed Abdelaziz, por tanto, no debe leerse solo como una baja militar. También es un síntoma de una nueva fase del conflicto: Marruecos intenta compensar con superioridad tecnológica lo que no puede obtener en términos de legitimidad internacional. Y ahí aparece la cuestión de fondo que el artículo de Ali Attar subraya con claridad: detrás de los drones, las alianzas militares y la propaganda diplomática, el Sáhara Occidental sigue siendo un problema político de descolonización pendiente.

Denuncian que la producción de tomate en el Sáhara Occidental ocupado sigue creciendo para abastecer a Europa

Un informe del portal Tomate Sahraouie revela que la agricultura intensiva en el Sáhara Occidental ocupado, impulsada por Marruecos, se destina mayormente a Europa, generando preocupaciones sobre explotación económica y su impacto ambiental en el desierto.

EL OBSERVADOR SAHARAUI | BREVE

Un análisis publicado por el portal francés Tomate Sahraouie denuncia que la agricultura intensiva impulsada por Marruecos en el Sáhara Occidental ocupado continúa expandiéndose con el objetivo de abastecer principalmente a los mercados europeos.

Según el artículo, cerca del 90% de la producción de tomate cultivada en el territorio ocupado se exporta a países de la Unión Europea. Los autores sostienen que esta actividad forma parte de una estrategia más amplia de explotación económica del Sáhara Occidental y alertan sobre el impacto ambiental derivado de la expansión de grandes explotaciones agrícolas en pleno desierto.

El informe utiliza imágenes satelitales recientes para mostrar que numerosas instalaciones agrícolas situadas en los alrededores de Dajla continúan operativas y en plena producción. También advierte sobre la construcción de nuevos proyectos agrícolas que dependerán de agua procedente de plantas desalinizadoras actualmente en desarrollo.

Los autores cuestionan además el papel de varias cadenas europeas de distribución alimentaria que comercializan productos procedentes del territorio ocupado bajo etiquetados asociados a Marruecos, pese a la existencia de resoluciones judiciales europeas que reconocen el estatus separado y distinto del Sáhara Occidental.

La agricultura intensiva se ha convertido en uno de los sectores económicos más importantes desarrollados por Marruecos en el territorio ocupado durante las últimas décadas, junto con la explotación de fosfatos, la pesca y los proyectos energéticos.

Fuente: Tomate Sahraouie.

OBSERVADOR SAHARAUI | La batalla por el relato saharaui ya no se libra solo en la ONU

El conflicto del Sáhara Occidental resurge en diversas arenas culturales y mediáticas, desafiando la percepción de su cierre. A pesar de la influencia marroquí, el debate sobre derechos humanos y memoria colonial sigue activo globalmente.

El conflicto del Sáhara Occidental vuelve a aparecer en espacios culturales, mediáticos y diplomáticos donde hasta hace poco parecía prácticamente ausente.

Durante años, la cuestión del Sáhara Occidental pareció confinada a un escenario muy concreto: resoluciones de Naciones Unidas, comunicados diplomáticos y negociaciones bloqueadas sin apenas impacto internacional real. Pero algo empieza a cambiar lentamente.

El conflicto saharaui vuelve a reaparecer en lugares inesperados. En Cannes, a través de la nueva película de Rodrigo Sorogoyen y Javier Bardem. En debates sobre medios internacionales tras la polémica generada alrededor de TV5MONDE. En universidades latinoamericanas, actos de solidaridad europeos o discusiones sobre memoria colonial y derechos humanos.

👉 Lectura relacionada:
¿Sabías que la nueva película de Rodrigo Sorogoyen en Cannes habla del abandono del Sáhara Occidental por España?

Mientras tanto, Marruecos continúa desarrollando una intensa estrategia de influencia política, diplomática y narrativa destinada a consolidar internacionalmente la idea de que el conflicto está prácticamente cerrado. Sin embargo, la realidad muestra algo diferente: el Sáhara Occidental sigue reapareciendo de forma recurrente allí donde el debate sobre derechos, memoria o geopolítica vuelve a abrirse.

La batalla ya no se libra únicamente en Naciones Unidas o en las cancillerías internacionales. También se juega en el terreno de las imágenes, de los relatos, de la cultura, de las redes sociales y de la capacidad para instalar determinadas narrativas dentro de la conversación internacional.

Quizá esa sea una de las claves del momento actual: el Sáhara Occidental sigue siendo un conflicto políticamente incómodo precisamente porque nunca ha desaparecido del todo.

LA LECTURA DEL DÍA — El Observador Saharaui (13 de mayo de 2026)

Carlos C. García analiza cómo el conflicto saharaui vuelve a reaparecer entre debates sobre derechos humanos, África y diplomacia internacional.

El Sáhara Occidental vuelve a aparecer allí donde algunos preferían no verlo

Hay conflictos que desaparecen de los titulares durante meses y, sin embargo, siguen vivos debajo de la superficie. El Sáhara Occidental es probablemente uno de los ejemplos más claros. Durante años, muchas cancillerías occidentales han intentado reducir la cuestión saharaui a un problema congelado, administrable y cada vez menos visible. Pero la actualidad de las últimas semanas vuelve a demostrar algo distinto: el conflicto sigue ahí, reapareciendo constantemente allí donde algunos preferirían no tener que mirarlo demasiado.

La carta enviada por Brahim Ghali a Naciones Unidas, el debate abierto en España sobre los ataques contra civiles saharauis, las denuncias sobre minas y drones o incluso la presencia diplomática saharaui en Uganda forman parte de una misma realidad política. El conflicto ya no gira únicamente alrededor del viejo lenguaje diplomático de las resoluciones de la ONU. Empieza a reaparecer también en debates sobre derechos humanos, seguridad regional, África, geopolítica y responsabilidad internacional.

Resulta significativo además que muchas de las cuestiones más incómodas vuelvan a estar relacionadas con los civiles saharauis. Durante años, gran parte del relato internacional sobre el conflicto evitó entrar en ese terreno. Sin embargo, las denuncias sobre víctimas civiles, presos, minas o ataques con drones empiezan poco a poco a romper parte de ese silencio. Y eso explica también cierta incomodidad creciente en algunos discursos oficiales.

Mientras tanto, el espacio africano continúa recordando algo que a menudo se olvida en Europa: que la cuestión saharaui sigue siendo para muchos países africanos un asunto ligado directamente a la descolonización y a la autodeterminación. La presencia de la República Saharaui en actos y foros continentales sigue reflejando esa dimensión política africana que Marruecos nunca ha conseguido eliminar completamente.

Quizá por eso el Sáhara Occidental vuelve a incomodar en 2026. No porque el conflicto haya cambiado radicalmente de un día para otro, sino porque vuelve a conectar con preguntas que siguen sin respuesta: qué ocurre cuando un proceso de descolonización permanece bloqueado durante medio siglo, cuánto tiempo puede mantenerse un conflicto bajo mínimos y hasta qué punto el silencio internacional puede seguir sustituyendo indefinidamente a una solución política real.

— Carlos C. García

LA LECTURA DEL DÍA — El Observador Saharaui (10 de mayo de 2026)

El aniversario del Frente Polisario llega marcado por la creciente presión internacional para redefinir el conflicto del Sáhara Occidental desde parámetros geopolíticos y de seguridad.

El Frente Polisario y el nuevo intento de cerrar el conflicto saharaui desde fuera

Hay aniversarios que funcionan simplemente como conmemoraciones históricas. Y hay otros que llegan cargados de presente. El 10 de mayo de 2026 pertenece claramente a esta segunda categoría.

Más de medio siglo después del nacimiento del Frente Polisario, el conflicto del Sáhara Occidental atraviesa probablemente uno de los momentos políticos más delicados de las últimas décadas. No porque el pueblo saharaui haya desaparecido del tablero internacional, sino precisamente porque sigue ahí cuando muchos pensaban que el tiempo, el desgaste y la geopolítica terminarían borrándolo.

Eso es lo que explica buena parte de lo que estamos viendo estas semanas.

Las declaraciones de Estados Unidos, el endurecimiento del lenguaje diplomático occidental tras Smara, AFRICAN LION en Dajla, la presión creciente alrededor de la autonomía marroquí y la utilización cada vez más abierta de términos como “terrorismo” no son episodios aislados. Forman parte de un mismo movimiento político que empieza a resultar cada vez más visible: el intento de transformar una ocupación nunca reconocida internacionalmente en una normalidad diplomática aceptable.

Y precisamente ahí aparece el problema que muchas capitales occidentales parecen incapaces de resolver.

Porque el Sáhara Occidental no es simplemente un asunto de estabilidad regional ni una pieza más dentro de los nuevos equilibrios estratégicos del norte de África. Sigue siendo un territorio pendiente de descolonización reconocido como tal por Naciones Unidas. Y el Frente Polisario continúa existiendo porque la cuestión saharaui sigue sin resolverse más de cincuenta años después.

Ese es el dato político esencial que incomoda.

Por eso resulta tan significativo que, en pleno aniversario del Polisario, el debate internacional ya casi no gire alrededor del referéndum prometido durante décadas. La palabra “autodeterminación” sigue apareciendo formalmente en algunos discursos diplomáticos, pero el verdadero movimiento político se desplaza claramente hacia otro lugar: convertir la autonomía marroquí en la única salida admisible y presentar cualquier resistencia a ese escenario como un obstáculo para la estabilidad regional.

La lógica es transparente. Primero se vacía políticamente el conflicto. Después se transforma en una cuestión de seguridad. Finalmente se normaliza la ocupación como un hecho irreversible.

Lo que ocurre es que la historia raramente funciona de forma tan simple.

Porque si algo demuestra precisamente la existencia misma del Frente Polisario en 2026 es que ni la ocupación, ni el paso del tiempo, ni la presión internacional han conseguido eliminar la cuestión nacional saharaui. Al contrario. Cada intento de cerrar el conflicto desde fuera sin abordar realmente el derecho de autodeterminación vuelve a reabrir la misma contradicción política que lleva más de medio siglo atravesando el Sáhara Occidental.

Y probablemente ésa sea la gran realidad que explica este aniversario.

El Frente Polisario no llega a este 10 de mayo en su momento más cómodo. La presión internacional es real. El contexto geopolítico se ha endurecido claramente. Y las grandes potencias parecen cada vez más dispuestas a priorizar intereses estratégicos sobre legalidad internacional.

Pero precisamente por eso este aniversario tiene hoy tanta carga política.

Porque recuerda que el conflicto saharaui sigue existiendo. Que el pueblo saharaui continúa reclamando decidir su futuro. Y que medio siglo después todavía hay una pregunta que nadie ha conseguido borrar completamente del escenario internacional: quién tiene realmente derecho a decidir el destino del Sáhara Occidental.

Carlos C. García

OBSERVADOR | Breve: análisis compara la autonomía marroquí en el Sáhara Occidental con el precedente de Eritrea

Un análisis compara la autonomía marroquí en el Sáhara Occidental con el precedente histórico de Eritrea y cuestiona su viabilidad política y jurídica.

Un extenso análisis publicado por el profesor Jorge Alejandro Suárez Saponaro cuestiona el proyecto marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental y lo define como una “solución neocolonial” orientada a legitimar la ocupación y consolidar el control sobre los recursos estratégicos del territorio.

El autor, integrante del Centro de Estudios del Sahara Occidental de la Universidad de Santiago de Compostela, sostiene que la creciente presión internacional para imponer la autonomía marroquí recuerda al precedente histórico de Eritrea bajo tutela etíope, donde un régimen autonómico terminó sirviendo como antesala de una anexión definitiva. El trabajo vincula además el respaldo occidental a Marruecos con intereses geopolíticos, militares y económicos ligados a recursos estratégicos, rutas atlánticas y competencia internacional en África.

El análisis aparece además en un momento especialmente sensible, marcado por AFRICAN LION, Smara y la creciente presión diplomática impulsada por Washington y distintos aliados occidentales para consolidar la autonomía marroquí como horizonte político dominante alrededor del conflicto saharaui.

Uno de los elementos más interesantes del texto es precisamente la comparación histórica con Eritrea: un proceso en el que una autonomía presentada inicialmente como fórmula de estabilidad terminó derivando en una anexión progresiva, favorecida por intereses geopolíticos internacionales y por la ausencia de garantías reales para el ejercicio efectivo de la autodeterminación. El autor advierte de que, en el caso saharaui, la imposición de una solución cerrada podría no resolver el conflicto, sino prolongar las dinámicas de tensión y resistencia en el Magreb.

👉 ARTÍCULO COMPLETO:
Sahara Occidental: el proyecto de régimen de autonomía marroquí como solución neocolonial

La Lectura del Día: Smara y el nuevo lenguaje diplomático sobre el Sáhara Occidental – El Observador Saharaui

Smara refleja un cambio creciente en el lenguaje diplomático occidental sobre el Sáhara Occidental y la autodeterminación saharaui.

LA LECTURA DEL DÍA — El Observador Saharaui (9 de mayo de 2026)

Durante años, gran parte de la diplomacia internacional mantuvo al menos formalmente una cierta prudencia verbal alrededor del conflicto del Sáhara Occidental. Incluso cuando el equilibrio político favorecía claramente a Marruecos, la mayoría de actores occidentales seguían hablando públicamente de autodeterminación, neutralidad negociadora y solución mutuamente aceptable.

Lo ocurrido estos últimos días alrededor de Smara parece indicar que esa etapa está cambiando.

Las declaraciones estadounidenses, las posiciones posteriores de Francia y de representantes europeos, así como la insistencia creciente en presentar la autonomía marroquí como “base” inevitable de cualquier solución, reflejan algo más profundo que una simple reacción diplomática a un episodio militar concreto.

Lo que empieza a emerger es un intento de redefinir políticamente el propio marco del conflicto.

Ya no se trata únicamente de gestionar el proceso de negociación impulsado por Naciones Unidas, sino de desplazar progresivamente el debate hacia una lógica donde el resultado parece empezar a darse por descontado de antemano.

Ahí reside precisamente el núcleo del problema.

Porque el principio de autodeterminación pierde sentido en el mismo momento en que las grandes potencias comienzan a presentar una única solución como horizonte obligatorio y prácticamente irreversible.

La paradoja es evidente: mientras Naciones Unidas sigue hablando oficialmente de “diálogo”, “negociaciones” y “solución mutuamente aceptable”, parte de la diplomacia occidental parece avanzar cada vez más hacia una lógica de hechos consumados.

Y precisamente por eso Smara ha terminado teniendo un impacto político mucho mayor del que probablemente algunos imaginaban.

👉 MÁS INFORMACIÓN:
Estados Unidos impulsa una ofensiva diplomática contra el Frente Polisario tras Smara

👉 MÁS INFORMACIÓN:
Texto íntegro del comunicado de la ONU sobre Smara

LA LECTURA DEL DÍA — El Observador Saharaui (8 de mayo de 2026)

AFRICAN LION, Smara y el momento en que el conflicto volvió al centro del tablero

Durante años, Marruecos ha intentado construir una idea muy concreta sobre el Sáhara Occidental: un territorio “estabilizado”, cada vez más integrado diplomática y económicamente y alejado de cualquier escenario real de conflicto. Esa narrativa ha contado además con silencios internacionales, apoyos políticos y una progresiva normalización mediática de la ocupación.

Pero lo ocurrido esta semana alrededor de AFRICAN LION, Smara y la reacción de Estados Unidos ha terminado alterando parcialmente esa imagen.

No porque el equilibrio político haya cambiado de forma radical. No porque la comunidad internacional haya decidido de repente aplicar el derecho internacional. Y tampoco porque las grandes potencias hayan abandonado sus cálculos estratégicos en el Magreb.

Lo que ha cambiado es otra cosa: el conflicto ha vuelto a hacerse visible.

Las imágenes de AFRICAN LION en Dajla, la presencia oficial estadounidense en territorio ocupado, los acontecimientos militares cerca de Smara, la reacción de Naciones Unidas y el comunicado del Frente Polisario han terminado mostrando algo que muchos actores internacionales llevaban años intentando difuminar: que la cuestión saharaui sigue abierta y que la guerra reactivada en 2020 continúa condicionando la realidad política del territorio.

La reacción estadounidense ha sido especialmente significativa. Washington ya no se limita a mantener una posición ambigua o calculadamente difusa. La misión estadounidense ante Naciones Unidas ha asumido abiertamente el lenguaje político marroquí sobre el conflicto y ha defendido públicamente la autonomía propuesta por Rabat como supuesto “camino hacia la paz”.

Eso explica también la dureza de la respuesta del Frente Polisario, que acusa directamente a Estados Unidos de perjudicar el proceso de paz y de contribuir al blanqueamiento internacional de la ocupación.

Pero existe además otra contradicción que ha quedado especialmente expuesta estos días.

Mientras algunos actores internacionales continúan hablando de “estabilidad”, las propias declaraciones de Naciones Unidas reclamando diálogo y regreso al alto el fuego terminan reconociendo implícitamente que el conflicto sigue militarmente activo. Smara ha devuelto de golpe al escenario internacional una realidad incómoda para muchos gobiernos: el Sáhara Occidental no es un conflicto congelado ni un asunto definitivamente cerrado.

En paralelo, el mundo saharaui continúa moviéndose también fuera del terreno estrictamente militar o diplomático. El Congreso Internacional de Cooperación celebrado en Sevilla, las iniciativas solidarias en distintos puntos del Estado español, el reconocimiento institucional otorgado por Colombia a la República Saharaui o las nuevas denuncias sobre presos políticos y refugiados muestran otra dimensión muchas veces ignorada: la persistencia política y social de la causa saharaui cincuenta años después.

Porque quizás esa sea precisamente la principal conclusión de estos días.

Pese a AFRICAN LION.
Pese a las presiones diplomáticas.
Pese a los intentos de normalización de la ocupación.

El pueblo saharaui sigue ahí.

Y el conflicto también.

Carlos C. García

EL OBSERVADOR SAHARAUI | Del proceso de descolonización a la negociación condicionada: qué está cambiando en el Sáhara Occidental

En las últimas semanas, la actualidad del Sáhara Occidental ha vuelto a llenarse de señales que, en apariencia, apuntan a un cierto dinamismo político. Reuniones diplomáticas, contactos entre las partes, revisiones institucionales y un discurso cada vez más insistente sobre la existencia de una “oportunidad” para avanzar en la resolución del conflicto. A primera vista, podría interpretarse como un intento serio de desbloquear una situación enquistada durante décadas.

Sin embargo, una lectura más detenida de estos movimientos permite apreciar que lo que está en juego no es únicamente la reactivación del proceso, sino algo más profundo: una transformación del marco en el que ese proceso se desarrolla.

El Sáhara Occidental ha sido, desde su inclusión en la lista de territorios no autónomos de Naciones Unidas, un caso de descolonización pendiente, cuyo eje jurídico y político se ha articulado en torno al derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui. Este principio ha sido reiterado de forma constante en la doctrina de la ONU y ha constituido, al menos sobre el papel, el fundamento del proceso de solución.

Sin embargo, la dinámica actual apunta a un desplazamiento progresivo de ese marco. La cuestión saharaui parece estar transitando desde un proceso de descolonización basado en el derecho internacional hacia un escenario de negociación política condicionado por factores geopolíticos.

En este cambio, el papel de Estados Unidos resulta determinante. Presentado como mediador, su implicación va mucho más allá de la facilitación de contactos. Estados Unidos impulsa el proceso, fija los tiempos y, sobre todo, define el terreno en el que se desarrolla la negociación. La propuesta de autonomía marroquí no aparece como una opción más dentro de un abanico de posibles soluciones, sino como el punto de partida sobre el que se pretende construir cualquier acuerdo.

Esta orientación introduce un desequilibrio estructural en el proceso. Cuando el marco de discusión está previamente delimitado y el resultado aceptable se perfila de antemano, la lógica de la mediación se ve sustituida por la de la negociación condicionada.

A ello se suma una presión diplomática creciente sobre Argelia, actor clave en el equilibrio regional, así como una movilización más amplia de apoyos internacionales en torno a la propuesta marroquí. Este movimiento no responde tanto a una evolución jurídica del conflicto como a una reconfiguración de alianzas en un contexto regional marcado por intereses estratégicos, energéticos y de seguridad.

En paralelo, el papel de Naciones Unidas aparece progresivamente debilitado. La revisión de la MINURSO, que en teoría debería servir para reforzar su capacidad de actuación, se inscribe en una dinámica que no cuestiona el bloqueo de su mandato original. La misión fue creada para organizar un referéndum de autodeterminación, pero tres décadas después su función se ha reducido esencialmente a la observación de un alto el fuego roto, sin mecanismos efectivos para impulsar una solución.

Este desplazamiento institucional tiene consecuencias directas sobre la naturaleza del conflicto. La centralidad del derecho internacional y del principio de autodeterminación cede terreno frente a una lógica de gestión política en la que los equilibrios de poder pesan más que las bases jurídicas.

Sin embargo, este cambio de enfoque no altera los elementos esenciales de la cuestión saharaui. El territorio sigue siendo considerado por Naciones Unidas como un territorio pendiente de descolonización. El pueblo saharaui continúa sin haber ejercido su derecho a decidir su futuro. Y sobre el terreno, la realidad sigue marcada por la ocupación, la represión y el exilio.

La aparente aceleración del proceso no responde, por tanto, a una resolución del conflicto, sino a su redefinición. Se construye la idea de que existe una salida posible en un horizonte cercano, pero esa salida se articula sobre un marco que limita desde el inicio las opciones reales.

En este contexto, la cuestión central ya no es únicamente si el proceso avanza o no, sino en qué dirección lo hace y bajo qué condiciones.

Porque un proceso de descolonización no puede resolverse sustituyendo el derecho a la autodeterminación por una solución predefinida.

Puede, en cambio, transformarse en otra cosa.

Y eso es, precisamente, lo que empieza a vislumbrarse.