OPINIÓN | Ceuta: ¿una «Marcha Verde» acuática?

La llegada masiva desde Marruecos y la retirada de agentes fronterizos revive comparaciones con la Marcha Verde de 1975, reflejando cómo Rabat puede ejercer presión política sobre España.

La llegada masiva desde Marruecos, la retirada de agentes en algunos puntos de la frontera y el precedente de 2021 alimentan una comparación inquietante. No demuestra una operación planificada, pero vuelve a mostrar cómo Rabat puede convertir la presión humana en poder político sobre España.

Por EL OBSERVADOR SAHARAUI

Hablar de una «Marcha Verde acuática» resulta arriesgado, pero no completamente gratuito. La Marcha Verde de 1975 utilizó una movilización masiva de civiles para imponer una realidad política sobre el Sáhara Occidental y presionar a una España debilitada. Lo ocurrido ahora en Ceuta es diferente, pero la imagen de miles de personas avanzando desde Marruecos vuelve a colocar cuerpos humanos al servicio de una situación de presión fronteriza.

La comparación tiene límites evidentes. No existe una prueba pública de que Rabat haya organizado las salidas ni de que haya ordenado una operación contra España. Las autoridades marroquíes han realizado también interceptaciones y utilizado medios antidisturbios para contener algunos cruces. Madrid y Rabat atribuyen la oleada a las redes de tráfico y al efecto provocado por una sentencia española sobre las devoluciones en el mar.

Pero tampoco puede ignorarse lo observado durante la jornada más crítica: concentraciones de miles de jóvenes en territorio marroquí, zonas fronterizas sin vigilancia suficiente y agentes auxiliares que se retiraron mientras cientos de personas avanzaban. El antecedente de mayo de 2021 demostró que Marruecos puede relajar el control migratorio y convertir la frontera en una herramienta de presión diplomática.

El momento político añade preguntas. Pedro Sánchez acaba de recomponer la relación con Argelia tras la crisis provocada por su giro sobre el Sáhara Occidental, mientras el Congreso ha enviado al Pleno una proposición de ley para conceder la nacionalidad española a personas saharauis nacidas durante la administración colonial. Son decisiones que pueden incomodar a Rabat, pero no existe evidencia pública que permita presentarlas como causa directa de la crisis de Ceuta.

La expresión «Marcha Verde acuática» puede ser útil, por tanto, si sirve para señalar una forma de presión y no para deshumanizar a quienes arriesgan la vida. Esos jóvenes no son soldados de Mohamed VI: huyen de la falta de futuro en Marruecos. Pero un Estado que controla estrechamente su frontera puede aprovechar esa desesperación, contenerla o dejarla avanzar según sus intereses.

Quizá no estemos ante una nueva Marcha Verde en sentido estricto. Sí estamos ante el mismo problema de fondo: una España que vuelve a descubrir que su estabilidad depende demasiado de las decisiones adoptadas en Rabat.

Ceuta se desborda tras la retirada de los agentes marroquíes de la frontera

España y Marruecos atribuyen la llegada de jóvenes a redes de tráfico, mientras ambos gobiernos destacan su cooperación. Sin embargo, las fuerzas marroquíes se retiraron cuando cientos de jóvenes marroquíes intentaron cruzar la frontera, evidenciando carencias en el control.

El Gobierno moviliza al Ejército y Sánchez anuncia su viaje a la ciudad, mientras Madrid continúa elogiando la cooperación de Marruecos pese a la retirada de sus agentes durante el avance masivo.

ACTUALIZACIÓN · 21:30

El Gobierno ha decidido movilizar al Ejército de Tierra desplegado en Ceuta para reforzar a las fuerzas de seguridad después de que la entrada masiva desde Marruecos desbordara la frontera y los recursos de acogida. Pedro Sánchez y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, tienen previsto desplazarse a la ciudad autónoma para seguir la crisis sobre el terreno.

La gravedad de la situación se refleja también en el balance humano. Las últimas informaciones elevan a nueve el número de cuerpos recuperados durante los intentos de entrada de los últimos días, mientras continúan las operaciones de rescate y atención a las personas que han alcanzado Ceuta.

La intervención del Ejército y el viaje del presidente confirman que no estamos ante una incidencia migratoria ordinaria. La crisis ha alcanzado una dimensión nacional precisamente mientras el Gobierno sigue calificando de «ejemplar» la cooperación con Marruecos y evita exigir explicaciones públicas por la retirada de los agentes marroquíes ante el avance de cientos de personas.


Miles de jóvenes marroquíes se concentraron este jueves en Castillejos para intentar alcanzar Ceuta. Cientos cruzaron por tierra o bordearon a nado el espigón del Tarajal, desbordando a la Guardia Civil, a la Policía y a los servicios de acogida de la ciudad.

España y Marruecos han respondido con una versión común. Ambos gobiernos atribuyen las llegadas a redes criminales que estarían aprovechando una reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre las devoluciones en el mar. También han acordado agilizar la entrega a Marruecos de quienes hayan entrado irregularmente y han calificado su colaboración de «ejemplar».

Pero esa explicación no resuelve lo ocurrido en la frontera. Según la información difundida por EFE y recogida por distintos medios, cientos de jóvenes saltaron unas protecciones que no estaban custodiadas y los agentes de las fuerzas auxiliares marroquíes se retiraron al aproximarse la multitud. La Marina Real participó en rescates e interceptaciones en el mar, pero la cooperación posterior no borra la inhibición observada en tierra cuando se produjo el avance masivo.

No hace falta acreditar una orden secreta de Rabat para señalar la responsabilidad política marroquí. Las personas partieron desde costas y localidades sometidas a un intenso control policial, se concentraron durante horas junto a la frontera y avanzaron ante la retirada de quienes debían contenerlas. Presentar todo eso como una consecuencia casi automática de una sentencia española significa aceptar sin demasiadas preguntas el relato construido por Marruecos.

El precedente de mayo de 2021 impide considerar ingenuamente estos acontecimientos. Entonces, Rabat relajó los controles después de que España acogiera a Brahim Ghali y miles de personas entraron en Ceuta. La frontera quedó convertida en una herramienta de presión diplomática cuya eficacia dependía precisamente de que Marruecos pudiera abrirla y volver a cerrarla.

La reacción del Gobierno español vuelve a mostrar esa dependencia. Mientras Ceuta reclama ayuda y sus servicios se encuentran saturados, Interior agradece a Marruecos sus esfuerzos y evita cuestionar públicamente la retirada de sus agentes. Madrid necesita que Rabat vuelva a controlar la salida de sus ciudadanos y, por esa razón, llama «cooperación ejemplar» a una relación en la que Marruecos conserva el poder de provocar —o detener— la crisis.

Fuentes: Agencias