OBSERVADOR SAHARAUI | Breve: la apatridia saharaui vuelve a evidenciar el limbo administrativo que afrontan miles de personas en España

Un reportaje de El Salto destaca las dificultades que enfrentan los saharauis en España para obtener el estatus de apatridia y regularizar su situación. La exclusión del nuevo proceso de regularización ha generado frustración, con esperas de varios años y falta de información. Muchas personas apátridas son saharauis, consecuencia del conflicto en el Sáhara Occidental.

Un reportaje publicado por El Salto vuelve a poner el foco sobre las dificultades que afrontan muchas personas saharauis en España para acceder al estatuto de apatridia y regularizar su situación administrativa.

El artículo explica cómo la exclusión de las personas apátridas del nuevo proceso extraordinario de regularización aprobado por el Gobierno español ha generado frustración entre numerosos saharauis, que continúan atrapados durante años en procedimientos lentos, inciertos y sin garantías suficientes de acceso a derechos básicos.

El reportaje recoge testimonios de solicitantes saharauis que denuncian esperas de hasta dos o tres años sin permiso de trabajo, sin información clara sobre el estado de sus expedientes y dependiendo únicamente de justificantes administrativos provisionales. También analiza las críticas de asociaciones saharauis y juristas al funcionamiento del sistema de apatridia en España.

El texto recuerda además que buena parte de las personas apátridas reconocidas actualmente en España son saharauis, consecuencia directa de la situación política y jurídica derivada del abandono español del Sáhara Occidental y de la prolongación del conflicto desde 1975.

Fuente: El Salto

OBSERVADOR SAHARAUI | Breve: una investigación europea reabre el debate sobre migración, influencia y relaciones privilegiadas con Marruecos

Una investigación publicada por el medio francés Blast cuestiona el papel de determinadas redes de influencia ligadas a la obtención irregular de visados Schengen desde Rabat.

Una amplia investigación publicada por el medio francés Blast junto al medio checo Seznam Zprávy ha vuelto a situar a Marruecos en el centro de un delicado debate europeo sobre migración, diplomacia e influencia política.

El reportaje sostiene que durante años una red franco-marroquí habría facilitado la obtención irregular de visados Schengen a través de la embajada checa en Rabat, utilizando perfiles de supuestos turistas marroquíes que posteriormente terminaban viajando hacia Francia. La investigación apunta además a conexiones políticas y empresariales de alto nivel alrededor del entonces primer ministro checo Andrej Babiš.

Uno de los aspectos más sensibles del caso es que, según la investigación, las autoridades marroquíes habrían tenido conocimiento de parte de estas actividades gracias a grabaciones y seguimientos realizados dentro del entorno diplomático checo en Rabat.

Más allá de las responsabilidades individuales que puedan derivarse del caso, el escándalo vuelve a alimentar un debate cada vez más presente en Europa: hasta qué punto determinadas relaciones privilegiadas con Marruecos terminan generando zonas grises políticas, diplomáticas y migratorias difíciles de abordar públicamente.

El asunto reaparece además en un momento especialmente sensible para las relaciones euro-marroquíes, marcadas por cuestiones ligadas a seguridad, migración, influencia regional y presión diplomática en torno al Sáhara Occidental.

👉 Fuente original: investigación de Blast y Seznam Zprávy sobre visados Schengen y redes de influencia en Rabat.

Saharauis fuera de la regularización: una exclusión que no es técnica, es política

La exclusión de las personas apátridas —entre ellas muchos saharauis— de la regularización extraordinaria aprobada en España abre una cuestión de fondo que va más allá de lo administrativo: revela una anomalía jurídica persistente y una decisión política que evita afrontar la responsabilidad histórica sobre el Sáhara Occidental.

La reciente regularización extraordinaria aprobada por el Gobierno español ha dejado fuera a un grupo especialmente vulnerable: las personas apátridas. Entre ellas, los saharauis. No se trata de un detalle menor ni de un vacío técnico. Es una decisión con consecuencias jurídicas y políticas que merece ser observada con atención.

Diversas voces han advertido ya de esta exclusión. Desde el entorno del Frente Polisario en Catalunya se ha calificado como una “humillación”, mientras que en el ámbito parlamentario también se han registrado críticas y peticiones de rectificación. Más allá de las declaraciones, el dato es claro: quienes no tienen una nacionalidad reconocida quedan fuera de un mecanismo diseñado precisamente para corregir situaciones de irregularidad administrativa.

El problema de fondo no es nuevo. La situación de los saharauis en España está marcada por una anomalía jurídica persistente: muchos de ellos no son considerados plenamente ciudadanos de ningún Estado, pese a la responsabilidad histórica y jurídica que España mantiene sobre el Sáhara Occidental. Esta realidad se traduce, en la práctica, en mayores obstáculos para acceder a derechos básicos, desde la residencia hasta la protección social.

En este contexto, la exclusión de los apátridas de la regularización no puede leerse como un simple criterio administrativo. Tiene implicaciones más profundas. Supone, de hecho, consolidar una diferencia de trato que afecta directamente a una población que, en el caso saharaui, mantiene vínculos históricos evidentes con España.

Desde una perspectiva política, la decisión encaja en una tendencia más amplia: evitar abordar de manera directa la cuestión saharaui en el ámbito interno. La política exterior y la política migratoria convergen aquí en un punto delicado, donde cualquier medida que afecte a los saharauis termina teniendo una lectura que va más allá de lo estrictamente técnico.

El resultado es una paradoja difícil de sostener: mientras se adoptan medidas excepcionales para regularizar a miles de personas, se deja fuera precisamente a quienes encarnan de forma más clara las consecuencias de un proceso de descolonización inconcluso.

Lo ocurrido no es un error de diseño, sino una señal. La exclusión de los saharauis de la regularización revela hasta qué punto la cuestión del Sáhara Occidental sigue condicionando decisiones internas en España. No se trata solo de migración: es, en última instancia, una forma de gestionar —o de evitar— una responsabilidad jurídica y política que sigue sin resolverse.