MINURSO y Sáhara Occidental: entre el “momento de oportunidad” y la ausencia de avances concretos

La ONU habla de una oportunidad en el Sáhara Occidental, pero la revisión de la MINURSO sigue sin resultados visibles.

La revisión estratégica de la MINURSO entra en una fase clave en Naciones Unidas, marcada por contactos diplomáticos discretos y mensajes que apuntan a una posible reactivación del proceso político en el Sáhara Occidental. Sin embargo, por el momento, los avances siguen siendo más perceptivos que reales.

En los últimos días, el secretario general de la ONU, António Guterres, ha mantenido contactos con el jefe de la MINURSO, Alexander Ivanko, en el marco de la preparación del informe estratégico solicitado por el Consejo de Seguridad. Este documento, previsto en aplicación de la resolución 2797, debe evaluar el futuro de la misión en un contexto de estancamiento prolongado.

En paralelo, el enviado personal del secretario general para el Sáhara Occidental, Staffan de Mistura, ha trasladado ante el Consejo de Seguridad un mensaje de “optimismo prudente”, al considerar que existe un “verdadero impulso” y una “oportunidad” para avanzar hacia una solución del conflicto. Se trataría, según sus palabras, de las primeras negociaciones sustantivas en varios años.

Este planteamiento se apoya en varios elementos: la reanudación de contactos entre las partes, la presentación por parte de Marruecos de desarrollos más detallados de su propuesta de autonomía y la participación del Frente Polisario en los intercambios recientes. Sin embargo, el propio discurso introduce matices relevantes.

De Mistura insiste en la necesidad de “compromisos históricos” por parte de las partes y reconoce las reticencias existentes, especialmente en lo relativo al papel futuro del Polisario y a las garantías de seguridad. Al mismo tiempo, señala que cualquier solución deberá contemplar el principio de autodeterminación, aunque sin definir de forma concreta cómo se articularía este elemento.

En este contexto, el contraste entre el discurso y la realidad resulta evidente. A pesar del tono más positivo, no se han anunciado acuerdos, ni cambios en el marco de negociación, ni avances tangibles en la resolución del conflicto. La propia revisión de la MINURSO se encuentra aún en fase de evaluación, sin que se conozcan sus conclusiones.

El momento tampoco puede entenderse al margen del contexto internacional. La implicación de Estados Unidos, el posicionamiento de algunos miembros del Consejo de Seguridad y la evolución de las dinámicas regionales en el Magreb y el Sahel influyen en este intento de reactivar el proceso.

La combinación de estos factores permite hablar de una fase distinta, pero no necesariamente de un punto de inflexión. Más que un avance consolidado, lo que se percibe es la construcción de un clima político que busca abrir espacio a una eventual negociación.

Por ahora, la situación sigue marcada por una constante: la percepción de oportunidad contrasta con la ausencia de resultados visibles. El Sáhara Occidental continúa, así, en un equilibrio entre movimiento diplomático y bloqueo político, donde cada señal de avance convive con la persistencia de un conflicto sin resolver.

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