La reciente visita del ministro de Asuntos Exteriores marroquí a Londres ha permitido constatar un elemento que define la posición del Reino Unido respecto al Sáhara Occidental: la continuidad. Más que un cambio, lo que se observa es la consolidación de una línea ya marcada en 2025.
Durante su estancia en la capital británica, Nasser Bourita mantuvo encuentros con distintos responsables políticos. Fue en el marco de la reunión con la ministra Yvette Cooper donde se abordó explícitamente la cuestión del Sáhara, con una reafirmación del respaldo británico al plan de autonomía marroquí como base “creíble, viable y pragmática”.
Sin embargo, esta formulación no constituye una novedad. El Reino Unido ya había adoptado esta posición en el contexto del diálogo estratégico con Marruecos, alejándose de la ambigüedad que caracterizaba etapas anteriores.
El elemento relevante reside en el equilibrio que mantiene Londres. Junto a este respaldo político, el Reino Unido sigue insistiendo en que cualquier solución debe desarrollarse en el marco de Naciones Unidas. Una doble referencia que permite sostener una posición alineada con Marruecos sin desvincularse del proceso internacional.
Este enfoque refleja una estrategia más amplia. Como miembro permanente del Consejo de Seguridad, el Reino Unido combina su apoyo a uno de los actores del conflicto con la preservación del marco multilateral, evitando así un posicionamiento que pueda interpretarse como reconocimiento de soberanía.
Para Marruecos, este tipo de declaraciones tiene un valor diplomático evidente, especialmente en un momento en el que se intensifican los movimientos en torno a la revisión de la MINURSO. Para el proceso en sí, sin embargo, el efecto es más limitado: refuerza una narrativa, pero no introduce cambios sustanciales.
La conclusión es clara: la posición británica no ha cambiado, pero su reiteración en el contexto actual adquiere significado. No como avance, sino como parte de un equilibrio diplomático que sigue definiendo el desarrollo del conflicto.
