LA LECTURA DEL DÍA — El Observador Saharaui (11 de mayo de 2026)

La carta de Brahim Ghali a Naciones Unidas desafía el nuevo clima diplomático impulsado alrededor del Sáhara Occidental tras Smara y devuelve el conflicto a su raíz original: una cuestión de descolonización y ocupación militar.

Brahim Ghali rompe el nuevo relato internacional sobre el Sáhara Occidental

La carta enviada por Brahim Ghali a Naciones Unidas marca probablemente uno de los momentos políticos más importantes vividos por el conflicto del Sáhara Occidental desde la ruptura del alto el fuego en noviembre de 2020. No sólo por el contenido del mensaje, sino porque supone una respuesta frontal al nuevo clima diplomático que se está intentando construir alrededor de Marruecos y del Frente Polisario tras los acontecimientos de Smara.

Durante los últimos días se ha acelerado claramente un intento internacional de fijar un nuevo marco político sobre el conflicto saharaui. El lenguaje utilizado por algunos gobiernos occidentales y aliados regionales de Rabat ya no gira únicamente alrededor de la “estabilidad”, la “autonomía” o las “negociaciones”, sino que empieza a incorporar conceptos mucho más graves y peligrosos políticamente para el movimiento saharaui. El uso reciente de términos como “terrorismo”, junto al respaldo explícito al llamado “Sáhara marroquí”, revela hasta qué punto determinadas potencias están tratando de desplazar el centro del debate internacional.

Y precisamente ahí es donde la carta de Ghali rompe ese nuevo relato.

Porque el dirigente saharaui devuelve el conflicto a su raíz original: una cuestión de descolonización pendiente inscrita en Naciones Unidas desde 1963 y una ocupación iniciada militarmente en 1975. La carta recuerda además algo que muchas capitales occidentales intentan evitar cuidadosamente desde hace años: que el alto el fuego de 1991 dejó de existir en noviembre de 2020 tras la intervención militar marroquí en Guerguerat y que, desde entonces, el territorio vive nuevamente en una situación de guerra abierta aunque gran parte de la comunidad internacional prefiera mirar hacia otro lado.

El mensaje tiene además otra dimensión importante. Ghali no se dirige únicamente a Marruecos. En realidad, el núcleo político de la carta apunta directamente a los gobiernos occidentales que durante las últimas semanas han intensificado su apoyo diplomático a Rabat mientras guardan silencio ante los bombardeos, ataques con drones y operaciones militares denunciadas por el Frente Polisario desde hace años.

La cuestión resulta especialmente delicada porque el conflicto saharaui está entrando cada vez más en una nueva lógica geopolítica internacional. Estados Unidos refuerza su presencia militar en la región a través de AFRICAN LION, Marruecos consolida alianzas estratégicas en torno a minerales críticos y seguridad atlántica, y Europa parece cada vez más inclinada a sacrificar el derecho internacional en nombre de la estabilidad regional y de sus intereses estratégicos.

En medio de todo ello, el Frente Polisario intenta evitar algo que hoy parece haberse convertido en el verdadero objetivo diplomático de fondo: transformar progresivamente la ocupación del Sáhara Occidental en un hecho consumado internacionalmente aceptable.

Y quizá por eso la carta enviada este 10 de mayo tiene tanta importancia política.

Porque más allá del lenguaje diplomático o de las acusaciones directas, el liderazgo saharaui está lanzando un mensaje claro a Naciones Unidas y a las potencias occidentales: el conflicto no ha terminado, el pueblo saharaui no acepta el nuevo marco político que se intenta imponer desde fuera y la cuestión saharaui sigue abierta pese a todos los intentos de normalización diplomática de la ocupación.

Carlos C. García

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