Argelia rompe relaciones diplomáticas con Emiratos Árabes Unidos

Argelia rompió relaciones diplomáticas con Emiratos Árabes Unidos, acusando a Abu Dabi de acciones provocadoras. La decisión sigue a tensiones crecientes y diferencias sobre el Sáhara Occidental. Emiratos espera que la ruptura sea temporal. Restricciones aéreas también fueron impuestas.

Argelia anunció la ruptura de sus relaciones diplomáticas con Emiratos Árabes Unidos (EAU) tras denunciar un aumento de las que considera «acciones provocadoras u hostiles» por parte de Abu Dabi. El embajador emiratí dispone de 48 horas para abandonar el territorio argelino, según el comunicado difundido por el Ministerio de Asuntos Exteriores. Argel sostiene que había agotado las vías para preservar las relaciones bilaterales.

La decisión culmina un periodo de crecientes tensiones entre ambos países. Argelia había acusado anteriormente a Emiratos de injerencia en sus asuntos internos, mientras ambos mantienen posiciones enfrentadas en diferentes cuestiones regionales. Tras conocerse la ruptura, el asesor diplomático de la Presidencia emiratí, Anwar Gargash, defendió una gestión de las diferencias basada en la «razón, comunicación y claridad de intereses». Desde Emiratos se ha expresado además la esperanza de que la ruptura sea temporal.

El Sáhara Occidental forma parte del contexto de esas divergencias, aunque el comunicado argelino no lo identifica como causa concreta de la decisión. Emiratos Árabes Unidos respalda las posiciones de Rabat sobre el territorio ocupado y mantiene una estrecha relación política y económica con Marruecos, mientras Argelia sostiene el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación y respalda al Frente POLISARIO.

La ruptura añade así un nuevo elemento de tensión al escenario político del Magreb y a las relaciones de Argelia con los países árabes alineados con Rabat. Según otras informaciones publicadas tras el anuncio, las autoridades argelinas también han adoptado restricciones sobre el uso de su espacio aéreo por aeronaves emiratíes.

Fuente: DW

Mali arde y el Magreb contiene la respiración: por qué la crisis del Sahel también importa al Sáhara Occidental

Los ataques coordinados del 25 de abril reabren el debate sobre la seguridad regional, la pugna por los recursos y el uso propagandístico del conflicto saharaui por parte de Marruecos.

La crisis abierta en Mali tras los ataques coordinados del 25 de abril no es un asunto lejano para el Sáhara Occidental ni para el Magreb. La ofensiva atribuida a grupos yihadistas vinculados a Al Qaeda y a fuerzas armadas del Azawad ha golpeado varios puntos estratégicos del país, incluida la zona de Bamako, y ha provocado la muerte del ministro maliense de Defensa, Sadio Camara, uno de los hombres fuertes de la junta militar.

Más allá de la gravedad militar inmediata, Mali vuelve a mostrar hasta qué punto el Sahel se ha convertido en un espacio de disputa entre intereses externos, crisis internas, recursos minerales, presencia rusa, retroceso francés, presión estadounidense y fracturas políticas no resueltas. En ese tablero, cada estallido de violencia se utiliza también para fabricar relatos: unos buscan justificar nuevas intervenciones, otros reforzar alianzas, y otros trasladar responsabilidades hacia sus adversarios regionales.

Por eso conviene leer con cautela las acusaciones lanzadas desde la órbita marroquí contra Argelia. La crisis maliense tiene causas propias y profundas: la ruptura de los equilibrios internos, la cuestión del Azawad, el avance de grupos armados, la fragilidad del Estado y la competencia internacional por el control geopolítico y económico del Sahel. Reducirlo todo a una supuesta maniobra argelina por la posición de Mali sobre el Sáhara Occidental es una simplificación interesada.

Para el Sáhara Occidental, la lección es clara: cada vez que el Magreb y el Sahel entran en turbulencia, Marruecos intenta presentar el conflicto saharaui como parte de una batalla regional contra Argelia. Pero el Sáhara Occidental no es una pieza secundaria de esa confrontación. Es un territorio pendiente de descolonización, con un pueblo reconocido por el derecho internacional y con un derecho inalienable a la autodeterminación.

La preocupación por Mali es, por tanto, legítima. No porque sustituya la centralidad de la causa saharaui, sino porque confirma que la estabilidad real de la región no puede construirse sobre propaganda, ocupaciones ni falsas soluciones impuestas. Sin justicia para los pueblos, sin respeto al derecho internacional y sin solución democrática a los conflictos pendientes, el Sahel y el Magreb seguirán siendo terreno fértil para la guerra, la manipulación y la injerencia exterior.