OBSERVADOR | Cuando el Sáhara Occidental deja de ser noticia… pero no conflicto

El Sáhara Occidental sigue marcado por guerra, presos políticos y bloqueo diplomático aunque cada vez ocupe menos espacio en la agenda internacional.

Hay conflictos que desaparecen porque se resuelven. Y hay otros que simplemente dejan de ocupar espacio en los titulares sin que nada esencial cambie sobre el terreno. El Sáhara Occidental pertenece desde hace tiempo a esta segunda categoría.

Lo ocurrido en los últimos días en la ciudad saharaui de Smara, las nuevas huelgas de hambre de presos políticos saharauis o las advertencias sobre el deterioro regional en el Sahel apenas han logrado alterar esa dinámica de invisibilidad progresiva que rodea al conflicto desde hace años. No porque no sucedan cosas. Precisamente el problema es el contrario: siguen sucediendo demasiadas.

La cuestión saharaui parece haberse instalado en una especie de normalidad diplomática donde el bloqueo permanente ya casi no provoca reacción internacional. El referéndum de autodeterminación previsto por Naciones Unidas continúa paralizado, la MINURSO sigue sin capacidad para modificar la situación de fondo y el conflicto armado reactivado en 2020 apenas encuentra reflejo estable fuera de medios especializados o espacios militantes de solidaridad.

Mientras tanto, sobre el terreno continúan coexistiendo guerra de baja intensidad, presos políticos, tensiones regionales, vigilancia militar y una población refugiada que lleva casi medio siglo esperando una solución. Pero el paso del tiempo ha generado otro fenómeno quizá aún más preocupante: el acostumbramiento internacional al conflicto.

En otros momentos, episodios como los registrados recientemente en Smara habrían ocupado un espacio mucho mayor en el debate político y mediático. Hoy, en cambio, apenas logran romper durante unas horas el flujo informativo antes de volver a desaparecer bajo el peso de otras crisis internacionales consideradas más urgentes o estratégicamente prioritarias.

Ese desplazamiento progresivo del Sáhara Occidental fuera de la agenda internacional no significa, sin embargo, que el conflicto haya perdido importancia. Más bien refleja hasta qué punto la comunidad internacional parece haber asumido la gestión indefinida del problema como sustituto de una solución real.

Mientras el norte de África y el Sahel atraviesan una etapa de creciente inestabilidad política y militar, el Sáhara Occidental continúa funcionando como uno de los grandes conflictos no resueltos de la región. Y, sin embargo, sigue siendo tratado demasiadas veces como una cuestión secundaria, congelada o simplemente aplazada.

Quizá ahí resida una de las mayores paradojas de la situación actual: el conflicto no ha desaparecido. Lo que poco a poco parece estar desapareciendo es la capacidad internacional de mirarlo de frente.

Carlos C. García – Observador Saharaui

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