OBSERVADOR SAHARAUI | Breve: El Informe CEAR 2026 analiza el desplazamiento de la población saharaui y los cambios demográficos en el Sáhara Occidental

La Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) ha presentado en su Informe 2026 un análisis sobre el desplazamiento de la población saharaui y la demografía del Sáhara Occidental bajo ocupación marroquí. El estudio de José Revert Calabuig examina las consecuencias del éxodo y las políticas de asentamiento, enfocándose en el derecho internacional humanitario.

La Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) ha incorporado en su Informe 2026 Las personas refugiadas en España y Europa un estudio específico sobre el desplazamiento forzado de la población saharaui y la evolución demográfica del Sáhara Occidental desde el inicio de la ocupación marroquí.

El trabajo, elaborado por el jurista José Revert Calabuig, examina las consecuencias jurídicas y humanas del éxodo de decenas de miles de saharauis hacia los campamentos de refugiados y analiza paralelamente las políticas que han favorecido durante décadas el asentamiento de población procedente de Marruecos en el territorio ocupado.

El estudio recuerda que el Sáhara Occidental continúa figurando en la lista de territorios no autónomos de Naciones Unidas pendientes de descolonización y aborda estas transformaciones desde la perspectiva del derecho internacional humanitario, el derecho de los pueblos a la autodeterminación y la protección de la población civil en contextos de ocupación.

La inclusión de este análisis en uno de los principales informes anuales de CEAR aporta una nueva referencia documental para comprender una de las dimensiones menos conocidas del conflicto saharaui: el impacto que cincuenta años de ocupación han tenido sobre la composición demográfica del territorio y sobre la situación de la población saharaui desplazada.

Fuente: TEMA DEL DÍA de NO TE OLVIDES DEL SAHARA OCCIDENTAL

EL OBSERVADOR SAHARAUI | España y la renuncia definitiva a su responsabilidad histórica

La reacción del Gobierno español ante el ataque del Frente Polisario en Esmara evidencia un alineamiento cada vez más claro con Marruecos y reabre el debate sobre la responsabilidad histórica de España en el Sáhara Occidental.

La condena del Gobierno español al ataque del Frente Polisario contra posiciones militares marroquíes en el Sáhara Occidental confirma algo mucho más profundo que un simple posicionamiento diplomático: España ha decidido alinearse completamente con la potencia ocupante frente al pueblo saharaui.

La antigua potencia administradora del territorio —que nunca transfirió legalmente la soberanía del Sáhara Occidental— actúa hoy como respaldo político de la ocupación marroquí y criminaliza, de facto, la resistencia armada de un pueblo reconocido por Naciones Unidas como pendiente de descolonización.

Mientras Europa legitima la resistencia ucraniana frente a una ocupación extranjera, niega ese mismo principio cuando se trata del pueblo saharaui. El doble rasero resulta cada vez más obsceno.

Cincuenta años después de abandonar el territorio, España no solo sigue sin asumir sus responsabilidades históricas y jurídicas: ahora parece dispuesta a situarse abiertamente contra quienes continúan reclamando el derecho que Naciones Unidas nunca les retiró —el derecho a decidir libremente sobre su tierra y su futuro.

Fuente. Agencias

Sáhara Occidental: Europa entre el derecho y los intereses – Francia y la Unión Europea

La Unión Europea y Francia mantienen una posición ambigua en el Sáhara Occidental, entre el respeto al derecho internacional y los intereses estratégicos en la región.

El papel de Francia y de la Unión Europea en el Sáhara Occidental refleja una tensión constante: el equilibrio entre el respeto al derecho internacional y los intereses políticos, económicos y estratégicos en el norte de África.

En el conflicto del Sáhara Occidental, Europa ocupa una posición singular. A diferencia de Estados Unidos, cuya actuación responde principalmente a criterios geopolíticos, la Unión Europea está formalmente vinculada a un marco jurídico que reconoce al territorio como pendiente de descolonización.

Sin embargo, esa base legal convive con una práctica política más ambigua. En el caso de Francia, su apoyo a Marruecos ha sido constante en el ámbito diplomático, especialmente en el seno del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, donde París ha actuado en numerosas ocasiones como un aliado clave de Rabat.

En el ámbito comunitario, la situación no es menos compleja. La Unión Europea ha tenido que adaptar sus acuerdos comerciales con Marruecos tras diversas sentencias del Tribunal de Justicia que excluyen explícitamente al Sáhara Occidental de dichos acuerdos. Estas decisiones han obligado a redefinir instrumentos jurídicos, evidenciando la tensión entre legalidad y práctica política.

Este equilibrio inestable se traduce en una posición europea que oscila entre el reconocimiento formal del marco jurídico internacional y la defensa de relaciones estratégicas con Marruecos. La política migratoria, la cooperación en materia de seguridad y los intereses económicos influyen directamente en esta postura.

El resultado es una ambigüedad estructural. Europa no puede ignorar el derecho internacional sin contradecir sus propios principios, pero tampoco parece dispuesta a adoptar una posición que altere sus equilibrios políticos en la región.

Europa no decide el conflicto, pero condiciona su evolución. La tensión entre derecho e intereses explica una posición que, más que resolver, contribuye a mantener el statu quo.

Saharauis fuera de la regularización: una exclusión que no es técnica, es política

La exclusión de las personas apátridas —entre ellas muchos saharauis— de la regularización extraordinaria aprobada en España abre una cuestión de fondo que va más allá de lo administrativo: revela una anomalía jurídica persistente y una decisión política que evita afrontar la responsabilidad histórica sobre el Sáhara Occidental.

La reciente regularización extraordinaria aprobada por el Gobierno español ha dejado fuera a un grupo especialmente vulnerable: las personas apátridas. Entre ellas, los saharauis. No se trata de un detalle menor ni de un vacío técnico. Es una decisión con consecuencias jurídicas y políticas que merece ser observada con atención.

Diversas voces han advertido ya de esta exclusión. Desde el entorno del Frente Polisario en Catalunya se ha calificado como una “humillación”, mientras que en el ámbito parlamentario también se han registrado críticas y peticiones de rectificación. Más allá de las declaraciones, el dato es claro: quienes no tienen una nacionalidad reconocida quedan fuera de un mecanismo diseñado precisamente para corregir situaciones de irregularidad administrativa.

El problema de fondo no es nuevo. La situación de los saharauis en España está marcada por una anomalía jurídica persistente: muchos de ellos no son considerados plenamente ciudadanos de ningún Estado, pese a la responsabilidad histórica y jurídica que España mantiene sobre el Sáhara Occidental. Esta realidad se traduce, en la práctica, en mayores obstáculos para acceder a derechos básicos, desde la residencia hasta la protección social.

En este contexto, la exclusión de los apátridas de la regularización no puede leerse como un simple criterio administrativo. Tiene implicaciones más profundas. Supone, de hecho, consolidar una diferencia de trato que afecta directamente a una población que, en el caso saharaui, mantiene vínculos históricos evidentes con España.

Desde una perspectiva política, la decisión encaja en una tendencia más amplia: evitar abordar de manera directa la cuestión saharaui en el ámbito interno. La política exterior y la política migratoria convergen aquí en un punto delicado, donde cualquier medida que afecte a los saharauis termina teniendo una lectura que va más allá de lo estrictamente técnico.

El resultado es una paradoja difícil de sostener: mientras se adoptan medidas excepcionales para regularizar a miles de personas, se deja fuera precisamente a quienes encarnan de forma más clara las consecuencias de un proceso de descolonización inconcluso.

Lo ocurrido no es un error de diseño, sino una señal. La exclusión de los saharauis de la regularización revela hasta qué punto la cuestión del Sáhara Occidental sigue condicionando decisiones internas en España. No se trata solo de migración: es, en última instancia, una forma de gestionar —o de evitar— una responsabilidad jurídica y política que sigue sin resolverse.