EL PAÍS reclama saldar la deuda con los saharauis, pero da por asumida la autonomía marroquí

El editorial de El País apoya la Ley de Nacionalidad Saharaui, señalando el abandono español de 1975. Reconoce la injusticia histórica, pero cuestiona el enfoque del plan de autonomía marroquí y reitera el derecho a la autodeterminación saharaui.

El editorial respalda la Ley de Nacionalidad Saharaui y reconoce el abandono cometido por España hace medio siglo, aunque presenta de forma discutible la posición internacional sobre el futuro del Sáhara Occidental.

El diario El País dedica este lunes su editorial a defender la proposición de ley que facilitará el acceso a la nacionalidad española de los saharauis nacidos bajo administración española y de sus descendientes. Bajo el título Deuda pendiente con la historia del Sáhara, el periódico considera que la iniciativa constituye un paso necesario para reparar las consecuencias del abandono español de 1975 y reclama el mayor consenso parlamentario posible.

El pronunciamiento resulta significativo. El editorial reconoce que España dio la espalda a una población que había nacido bajo su bandera, que el plazo concedido en 1976 para optar por la nacionalidad fue insuficiente y que la nueva ley puede empezar a corregir una injusticia mantenida durante cincuenta años. También advierte de que un adelanto electoral podría volver a frustrar su aprobación, como ya ocurrió en la anterior legislatura.

Sin embargo, el texto utiliza la expresión «precipitada descolonización» para describir lo sucedido. No fue simplemente una descolonización rápida o mal gestionada: España abandonó el territorio sin culminar el proceso exigido por Naciones Unidas y lo dejó en manos de Marruecos y Mauritania. La descolonización del Sáhara Occidental continúa pendiente.

Más discutible todavía es la afirmación de que la comunidad internacional se inclina por el plan marroquí de autonomía, algo que, según el editorial, habría sido «ratificado» por el Consejo de Seguridad. La resolución 2797 de octubre de 2025 tomó la propuesta marroquí como base para las negociaciones y consideró que una autonomía auténtica podría representar una salida viable, pero no reconoció la soberanía de Marruecos ni determinó de antemano el resultado final. El propio texto mantiene la exigencia de una solución mutuamente aceptable que garantice la autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental.

También es cierto que la resolución no recibió votos en contra, como recuerda El País, pero esa formulación oculta una votación mucho menos unánime: fue aprobada por once votos, con tres abstenciones y la decisión de Argelia de no participar.

El editorial acierta al reclamar que España empiece a saldar su deuda con los saharauis. Pero esa reparación no debería descansar sobre una lectura que convierta la autonomía bajo soberanía marroquí en el desenlace ya decidido. La nacionalidad puede corregir parte del daño causado a miles de personas; no sustituye el derecho colectivo del pueblo saharaui a decidir libremente el futuro de su territorio.

Fuente: Editorial de El País, 27 de julio de 2026.

LA LECTURA DEL DÍA — El Observador Saharaui (10 de mayo de 2026)

El aniversario del Frente Polisario llega marcado por la creciente presión internacional para redefinir el conflicto del Sáhara Occidental desde parámetros geopolíticos y de seguridad.

El Frente Polisario y el nuevo intento de cerrar el conflicto saharaui desde fuera

Hay aniversarios que funcionan simplemente como conmemoraciones históricas. Y hay otros que llegan cargados de presente. El 10 de mayo de 2026 pertenece claramente a esta segunda categoría.

Más de medio siglo después del nacimiento del Frente Polisario, el conflicto del Sáhara Occidental atraviesa probablemente uno de los momentos políticos más delicados de las últimas décadas. No porque el pueblo saharaui haya desaparecido del tablero internacional, sino precisamente porque sigue ahí cuando muchos pensaban que el tiempo, el desgaste y la geopolítica terminarían borrándolo.

Eso es lo que explica buena parte de lo que estamos viendo estas semanas.

Las declaraciones de Estados Unidos, el endurecimiento del lenguaje diplomático occidental tras Smara, AFRICAN LION en Dajla, la presión creciente alrededor de la autonomía marroquí y la utilización cada vez más abierta de términos como “terrorismo” no son episodios aislados. Forman parte de un mismo movimiento político que empieza a resultar cada vez más visible: el intento de transformar una ocupación nunca reconocida internacionalmente en una normalidad diplomática aceptable.

Y precisamente ahí aparece el problema que muchas capitales occidentales parecen incapaces de resolver.

Porque el Sáhara Occidental no es simplemente un asunto de estabilidad regional ni una pieza más dentro de los nuevos equilibrios estratégicos del norte de África. Sigue siendo un territorio pendiente de descolonización reconocido como tal por Naciones Unidas. Y el Frente Polisario continúa existiendo porque la cuestión saharaui sigue sin resolverse más de cincuenta años después.

Ese es el dato político esencial que incomoda.

Por eso resulta tan significativo que, en pleno aniversario del Polisario, el debate internacional ya casi no gire alrededor del referéndum prometido durante décadas. La palabra “autodeterminación” sigue apareciendo formalmente en algunos discursos diplomáticos, pero el verdadero movimiento político se desplaza claramente hacia otro lugar: convertir la autonomía marroquí en la única salida admisible y presentar cualquier resistencia a ese escenario como un obstáculo para la estabilidad regional.

La lógica es transparente. Primero se vacía políticamente el conflicto. Después se transforma en una cuestión de seguridad. Finalmente se normaliza la ocupación como un hecho irreversible.

Lo que ocurre es que la historia raramente funciona de forma tan simple.

Porque si algo demuestra precisamente la existencia misma del Frente Polisario en 2026 es que ni la ocupación, ni el paso del tiempo, ni la presión internacional han conseguido eliminar la cuestión nacional saharaui. Al contrario. Cada intento de cerrar el conflicto desde fuera sin abordar realmente el derecho de autodeterminación vuelve a reabrir la misma contradicción política que lleva más de medio siglo atravesando el Sáhara Occidental.

Y probablemente ésa sea la gran realidad que explica este aniversario.

El Frente Polisario no llega a este 10 de mayo en su momento más cómodo. La presión internacional es real. El contexto geopolítico se ha endurecido claramente. Y las grandes potencias parecen cada vez más dispuestas a priorizar intereses estratégicos sobre legalidad internacional.

Pero precisamente por eso este aniversario tiene hoy tanta carga política.

Porque recuerda que el conflicto saharaui sigue existiendo. Que el pueblo saharaui continúa reclamando decidir su futuro. Y que medio siglo después todavía hay una pregunta que nadie ha conseguido borrar completamente del escenario internacional: quién tiene realmente derecho a decidir el destino del Sáhara Occidental.

Carlos C. García

OBSERVADOR | Breve: análisis compara la autonomía marroquí en el Sáhara Occidental con el precedente de Eritrea

Un análisis compara la autonomía marroquí en el Sáhara Occidental con el precedente histórico de Eritrea y cuestiona su viabilidad política y jurídica.

Un extenso análisis publicado por el profesor Jorge Alejandro Suárez Saponaro cuestiona el proyecto marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental y lo define como una “solución neocolonial” orientada a legitimar la ocupación y consolidar el control sobre los recursos estratégicos del territorio.

El autor, integrante del Centro de Estudios del Sahara Occidental de la Universidad de Santiago de Compostela, sostiene que la creciente presión internacional para imponer la autonomía marroquí recuerda al precedente histórico de Eritrea bajo tutela etíope, donde un régimen autonómico terminó sirviendo como antesala de una anexión definitiva. El trabajo vincula además el respaldo occidental a Marruecos con intereses geopolíticos, militares y económicos ligados a recursos estratégicos, rutas atlánticas y competencia internacional en África.

El análisis aparece además en un momento especialmente sensible, marcado por AFRICAN LION, Smara y la creciente presión diplomática impulsada por Washington y distintos aliados occidentales para consolidar la autonomía marroquí como horizonte político dominante alrededor del conflicto saharaui.

Uno de los elementos más interesantes del texto es precisamente la comparación histórica con Eritrea: un proceso en el que una autonomía presentada inicialmente como fórmula de estabilidad terminó derivando en una anexión progresiva, favorecida por intereses geopolíticos internacionales y por la ausencia de garantías reales para el ejercicio efectivo de la autodeterminación. El autor advierte de que, en el caso saharaui, la imposición de una solución cerrada podría no resolver el conflicto, sino prolongar las dinámicas de tensión y resistencia en el Magreb.

👉 ARTÍCULO COMPLETO:
Sahara Occidental: el proyecto de régimen de autonomía marroquí como solución neocolonial

OBSERVADOR | Breve: Dimiter Tzantchev (UE) vincula Smara a la autonomía marroquí en un mensaje sobre el Sáhara Occidental

Dimiter Tzantchev relaciona los acontecimientos de Smara con la resolución 2797 y la autonomía marroquí sobre el Sáhara Occidental.

El representante de la Unión Europea, Dimiter Tzantchev, afirmó este jueves que “ahora no es el momento de la escalada, sino de la negociación”, tras los acontecimientos registrados cerca de Smara, y defendió la resolución 2797 del Consejo de Seguridad “tomando como base el plan marroquí de autonomía”.

El mensaje, difundido en redes sociales, refleja hasta qué punto parte de la diplomacia internacional está consolidando progresivamente un marco político que presenta la propuesta marroquí como punto de partida casi inevitable para cualquier solución futura del conflicto del Sáhara Occidental.

Sin embargo, la propia resolución 2797 reafirma también el principio de autodeterminación del pueblo saharaui y no reconoce la soberanía marroquí sobre el territorio. Naciones Unidas sigue considerando el Sáhara Occidental un territorio pendiente de descolonización conforme al derecho internacional.

En los últimos días, tanto Estados Unidos como distintos actores diplomáticos occidentales han intensificado las referencias a la autonomía marroquí tras AFRICAN LION, la visita estadounidense a Dajla y los acontecimientos registrados cerca de Smara, mientras el Frente Polisario denuncia crecientes intentos de imponer una solución predeterminada al conflicto.

Sáhara Occidental: entre lo dicho y lo publicado sobre la intervención de Mike Waltz en el Senado de EEUU

La revisión completa de la intervención de Mike Waltz en el Senado de EEUU muestra que no mencionó ni la MINURSO ni el plan de autonomía marroquí, pese a lo que sugieren algunos titulares. Un contraste necesario entre lo dicho y lo publicado.

Algunas informaciones difundidas en las últimas horas, como la publicada por Infobae, sostienen que Estados Unidos habría condicionado la renovación de la misión de la ONU en el Sáhara Occidental a la aceptación del plan de autonomía marroquí como única vía de solución.

Sin embargo, la revisión completa de la intervención del representante estadounidense ante el Senado ofrece una imagen mucho más matizada —y, en lo esencial, distinta.

En toda su comparecencia, Mike Waltz no menciona ni una sola vez la MINURSO, ni el plan de autonomía, ni plantea condiciones sobre el futuro del mandato de Naciones Unidas en el territorio. Tampoco define ninguna solución política concreta para el conflicto.

Las únicas referencias al Sáhara Occidental se reducen a dos menciones de carácter general: la alusión a un “conflicto de 50 años” y la idea de que, en ocasiones, “sentar a todas las partes en la mesa” ya constituye un avance en sí mismo. No hay, por tanto, en sus palabras, ningún desarrollo explícito que permita sostener la existencia de un cambio de posición formal en los términos que algunos titulares sugieren.

La distancia entre el contenido literal de la intervención y su interpretación mediática invita, al menos, a una lectura prudente. En contextos como el del Sáhara Occidental —donde el lenguaje diplomático suele ser deliberadamente ambiguo—, convertir una mención genérica en una línea política definida puede conducir a conclusiones que no se desprenden directamente de la fuente original.

Más aún cuando la cuestión de fondo —el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación— sigue estando formalmente reconocida en el marco de Naciones Unidas, independientemente de las interpretaciones o enfoques que distintos actores internacionales puedan promover en cada momento.

En este caso, la comparación entre lo dicho y lo publicado no solo es pertinente: resulta necesaria para entender con precisión el alcance real de las declaraciones y evitar lecturas que, más que aclarar el contexto, pueden contribuir a distorsionarlo.