LECTURA RECOMENDADA | Stephen Zunes sitúa Ceuta en el eje Marruecos-EEUU-Israel y el Sáhara Occidental

El profesor Stephen Zunes argumenta que la crisis en Ceuta es un producto de la presión marroquí sobre España, vinculada a sus relaciones con EE. UU. e Israel y la ocupación del Sáhara Occidental.

El profesor estadounidense Stephen Zunes, especialista en política de Oriente Medio y coautor de Western Sahara: War, Nationalism, and Conflict Irresolution, sostiene en un artículo publicado por The Nation que la entrada masiva en Ceuta no puede entenderse como un fenómeno migratorio espontáneo, sino como una operación de presión marroquí contra España en un momento especialmente favorable para Rabat.

Lo más significativo de su análisis es la conexión que establece entre la crisis de Ceuta y un contexto mucho más amplio. Zunes recuerda el precedente de 2021, vincula la actual presión al acercamiento español a Argelia y vuelve a situar el Sáhara Occidental en el centro de la relación entre Madrid y Rabat. A su juicio, Marruecos lleva años utilizando el control migratorio para obtener concesiones políticas y el giro de Pedro Sánchez de 2022 sería precisamente una muestra de la eficacia de esa estrategia.

El autor va todavía más lejos al introducir la creciente alianza de Marruecos con Estados Unidos e Israel. Señala la hostilidad de Trump y del Gobierno israelí hacia España, recuerda las voces estadounidenses e israelíes favorables a las reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla y plantea que Rabat pudo sentirse respaldado por ese nuevo entorno internacional. Es una hipótesis política de gran interés, aunque conviene distinguirla de lo que puede probarse directamente: la convergencia de intereses entre Rabat, Washington y Tel Aviv está documentada; una coordinación concreta de los tres en la operación de Ceuta no lo está.

Zunes termina enlazando Ceuta con 1975 y con una constante de la política marroquí: utilizar un discurso supuestamente anticolonial mientras mantiene la ocupación del Sáhara Occidental. Su tesis es contundente: la crisis no sería una simple emergencia humanitaria, sino una nueva manifestación de una estrategia marroquí de presión territorial y política, favorecida ahora por el fortalecimiento del eje Marruecos-Estados Unidos-Israel.

👉 Leer el artículo completo de Stephen Zunes en The Nation

Fuente: Stephen Zunes, The Nation, 3 de agosto de 2026.

La «Marcha Verde» marítima de Ceuta según Marruecos: la culpa fue de España

Marruecos atribuye la entrada masiva en Ceuta a factores externos como sentencias y redes sociales, eludiendo su responsabilidad, aunque esto no justifica cómo permitió el flujo masivo de inmigrantes.

Marruecos ya tiene una explicación oficial para la entrada masiva en Ceuta: Rabat no presionó, no chantajeó, no relajó los controles y tampoco tenía por qué prever lo que iba a suceder. La responsabilidad estaría, en cambio, en una sentencia del Tribunal Supremo español, en las redes sociales, en las mafias y en el supuesto «efecto llamada» provocado por la dificultad de ejecutar devoluciones en caliente.

La versión tiene una ventaja evidente para Mohamed VI: Marruecos desaparece prácticamente como actor de una crisis que comenzó precisamente en su territorio. Rabat asegura que avisó a España de las consecuencias de la sentencia, que sus fuerzas de seguridad no podían enfrentarse a decenas de miles de personas para evitar daños y que después actuó como «aliado fiable», recuperando el control y aceptando los retornos. Es decir, pudo cerrar con rapidez una frontera que, según sostiene ahora, nunca había dejado deliberadamente abierta.

Y ahí continúa la pregunta que Marruecos tampoco responde. Las redes sociales, las mafias o una sentencia española pueden ayudar a explicar por qué miles de jóvenes quisieron llegar a Ceuta. No explican por sí solas cómo decenas de miles pudieron concentrarse, desplazarse y alcanzar una de las fronteras políticamente más sensibles y vigiladas del reino sin que el aparato de seguridad marroquí pudiera impedirlo. Menos todavía cuando ese mismo aparato demostró después que sí tenía capacidad para restablecer el control.

Rabat pide ahora que se crea que todo fue espontáneo y que España provocó involuntariamente el «efecto llamada». Es una versión que descarga cualquier responsabilidad política marroquí justo cuando en España se pregunta quién pudo haber «consentido» lo ocurrido y dirigentes europeos hablan de «instrumentalización de la migración» y «amenazas híbridas». Marruecos ha dado su explicación. Que explique también por qué aquella frontera dejó de funcionar precisamente cuando más necesitaba hacerlo.

Fuente: Europa Press

Robles señala a Marruecos mientras Albares insiste en su colaboración tras la crisis de Ceuta

La ministra de Defensa, Margarita Robles, solicitó a Marruecos investigar la reciente entrada masiva en Ceuta, enfatizando que se deben asumir responsabilidades, a diferencia del enfoque más conciliador del ministro de Exteriores.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha pedido este lunes a Marruecos que investigue «hasta el final» la entrada masiva registrada en Ceuta y ha advertido de que tanto las mafias como quien pudiera haber consentido lo ocurrido deberán «asumir responsabilidades».

Sus palabras introducen un matiz significativo dentro del Gobierno. Horas antes, el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, había puesto el acento en la colaboración ofrecida por Rabat para frenar las llegadas y facilitar los retornos, evitando atribuir a Marruecos responsabilidad alguna en el origen de la crisis.

Robles tampoco acusa directamente a las autoridades marroquíes de haber organizado la entrada, pero sí contempla expresamente la posibilidad de que alguien la haya «consentido» y reclama que Marruecos participe en el esclarecimiento de lo sucedido. «No podemos mirar para otro lado, ni España ni Marruecos», afirmó.

La ministra reiteró además que la soberanía española sobre Ceuta y Melilla «no se toca» y defendió el trabajo de los servicios de inteligencia españoles frente a las críticas recibidas tras la crisis. El contraste entre ambos ministros deja, por ahora, dos acentos diferentes dentro del Ejecutivo sobre el papel que debe exigirse a Marruecos.

Fuente: RTVE, 3 de agosto de 2026.

Relacionado: Albares agradece a Marruecos que cerrara la crisis de Ceuta, pero sigue sin explicar cómo pudo abrirse

Ceuta demuestra el precio de ceder ante Marruecos

La crisis en Ceuta revela la falta de una estrategia clara de España frente a Marruecos, que actúa con un plan a largo plazo, mientras España reacciona ante cada situación cuando ya ha estallado.

La crisis de Ceuta está dejando análisis muy diferentes, pero algunos empiezan a coincidir en una cuestión más importante que la discusión sobre las mafias, las redes sociales o la sentencia del Supremo: Marruecos lleva años actuando con una estrategia de poder sostenida mientras España parece limitarse a reaccionar ante cada crisis cuando ya se ha producido.

José Javier Esparza lo ha planteado estos días con especial contundencia. Su largo análisis introduce asuntos muy distintos y algunas afirmaciones que exigirían una discusión propia, pero hay una idea central difícil de descartar: Rabat ha sabido relacionar durante años su alianza con Estados Unidos, su importancia para Europa, el control de los movimientos migratorios, su creciente capacidad militar y económica y sus aspiraciones territoriales. No estamos ante decisiones aisladas, sino ante una política que persigue objetivos reconocibles.

No es una reflexión muy alejada de la que hacía Jorge Dezcallar en EL PAÍS cuando hablaba de la debilidad de España ante Marruecos y de las concesiones acumuladas a Rabat. Pero el propio periódico ofrecía después otra lectura de la entrada masiva en Ceuta mucho más inclinada a desvincular al régimen marroquí de la organización de aquella que hemos llamado «Marcha Verde marítima». En NOTEOLVIDES planteamos entonces una pregunta que sigue abierta: si Marruecos dispone de uno de los aparatos de vigilancia fronteriza más estrictos de la región, ¿podemos creer realmente que decenas de miles de personas alcanzaron Ceuta sin una decisión política que lo permitiera?

👉 OPINIÓN | Ceuta: EL PAÍS dice que Marruecos no organizó la Marcha Verde marítima. ¿Nos lo creemos?

La cuestión resulta todavía más evidente cuando aparece el Sáhara Occidental. El giro de Pedro Sánchez de marzo de 2022 fue presentado como el precio necesario para recomponer la relación con Rabat y abrir una etapa de estabilidad. Cuatro años después, Marruecos conserva intacta su capacidad para presionar a España y Washington acaba de reafirmar la autonomía marroquí como única salida aceptable para el territorio saharaui. Lo que España cedió no ha comprado, por tanto, la seguridad política que se prometía.

Esa misma lectura ha sido formulada este lunes por Abdulah Arabi en una tribuna publicada por El Confidencial. Arabi recuerda que el cambio de posición española sobre el Sáhara Occidental fue presentado como una vía para estabilizar las relaciones con Marruecos, pero señala que no ha hecho desaparecer las aspiraciones ni los instrumentos de presión de Rabat. «Desde el Frente Polisario lo advertimos», escribe: las concesiones no iban a poner fin a las exigencias marroquíes.

Su conclusión coincide además con una cuestión que atraviesa buena parte del debate abierto tras Ceuta: rechaza que lo sucedido pueda explicarse simplemente por la actuación de las mafias y lo atribuye a «las políticas y aspiraciones de un Estado, Marruecos». Es una formulación especialmente clara porque une las dos cuestiones que España ha intentado separar durante años: las concesiones realizadas en el Sáhara Occidental y la capacidad de presión que Rabat conserva sobre la relación bilateral.

Quizá ahí esté la diferencia fundamental. Marruecos sabe qué pretende en el Sáhara Occidental, en su relación con Europa, en el Atlántico y respecto a Ceuta y Melilla. España, en cambio, lleva demasiado tiempo confundiendo evitar una crisis con tener una política hacia Marruecos.

Porque una política basada exclusivamente en evitar contrariar a Rabat no elimina los problemas con Marruecos: únicamente aumenta el precio de la siguiente crisis.

Ceuta vuelve a demostrarlo. Y mientras España no defina con la misma claridad sus propios intereses, seguirá llegando tarde a unas crisis que Marruecos lleva mucho tiempo incorporando a su estrategia.


NOTA DE REDACCIÓN respecto a la foto en la que Mohamed VI acuerda dar el nombre de «Donald Trump» a la vía Tiznit-Dajla, que alcanza el Sáhara Occidental ocupado, como reconocimiento al apoyo estadounidense a las pretensiones de Rabat sobre el territorio saharaui.

Donald Trump fue quien dio a conocer públicamente el pasado 26 de julio, a través de Truth Social, que la vía Tiznit-Dajla llevaría el nombre de «President Donald J. Trump Highway», difundiendo además un vídeo sobre la infraestructura y agradeciendo a Mohamed VI lo que calificó como un «gran honor». En ese momento, la decisión todavía no había sido anunciada oficialmente por las autoridades marroquíes.

Mohamed VI ha confirmado ahora la denominación y la ha vinculado expresamente al reconocimiento realizado por Trump en 2020 de la pretendida soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Según la información publicada por L’Humanité, la decisión figuraba ya en una carta del monarca fechada el 2 de julio, por lo que Trump una vez mas, se adelantó a hacerlo público.

Líderes europeos hablan de «amenaza híbrida» en Ceuta y ponen bajo examen la cooperación con Marruecos

Dirigentes europeos advierten sobre un «ataque» en la crisis de Ceuta, cuestionan la cooperación con Marruecos y reclaman respuestas coordinadas ante la instrumentalización migratoria.

Una carta firmada por Giorgia Meloni, Friedrich Merz, Mette Frederiksen, Petteri Orpo, Donald Tusk y otros dirigentes europeos describe lo ocurrido como un «ataque», incluye la instrumentalización migratoria entre las amenazas híbridas y reclama evaluar la eficacia de la cooperación de la Unión Europea con Rabat.

La crisis de Ceuta ha dado un nuevo salto político en Europa. Una carta dirigida al presidente del Consejo Europeo, António Costa; a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; y a la presidencia irlandesa del Consejo de la UE utiliza un lenguaje que sitúa los acontecimientos mucho más allá de una simple crisis migratoria.

Entre los firmantes figuran dirigentes como Giorgia Meloni, Friedrich Merz, Mette Frederiksen, Petteri Orpo y Donald Tusk, junto a responsables de numerosos Estados miembros. La presencia de algunos gobiernos que habían reaccionado con especial dureza ante la gestión española de la crisis resulta significativa: pese a sus diferencias con Madrid, el documento reconoce que Ceuta forma parte de la frontera exterior de la Unión y que su protección constituye una responsabilidad europea compartida.

La carta sostiene que la reciente sentencia del Tribunal Supremo español «ha sido utilizada para desencadenar este ataque» y, unas líneas después, introduce una expresión especialmente relevante:

«No podemos permitir cruces masivos incontrolados, la instrumentalización de la migración u otras amenazas híbridas».

La formulación supone un cambio importante en la caracterización política de lo sucedido. Los firmantes ya no hablan únicamente de inmigración irregular: sitúan expresamente la instrumentalización de la migración dentro del ámbito de las amenazas híbridas.

El documento no identifica, sin embargo, al responsable de esa instrumentalización. Marruecos aparece posteriormente cuando los dirigentes europeos celebran la cooperación entre Madrid y Rabat para devolver a quienes cruzaron la frontera y, sobre todo, cuando reclaman que los ministros del Interior examinen «la eficacia de la cooperación de la UE con Marruecos».

La secuencia resulta significativa: Europa habla de ataque, de instrumentalización migratoria y de amenazas híbridas, al mismo tiempo que plantea revisar la eficacia de una cooperación fronteriza con Marruecos de la que depende buena parte de su política migratoria en el Mediterráneo occidental.

Los firmantes reclaman ahora una reunión extraordinaria de los ministros del Interior y una respuesta europea coordinada, incluido un posible refuerzo de Frontex. También advierten de que podrían reintroducirse temporalmente controles en las fronteras interiores si se produjeran movimientos secundarios hacia otros Estados miembros.

La carta no acusa formalmente a Marruecos de haber provocado la crisis. Pero sí introduce una cuestión que será difícil eludir en el debate europeo: si lo ocurrido en Ceuta constituye una amenaza híbrida basada en la instrumentalización de la migración, habrá que determinar quién dispone de la capacidad para utilizar esa herramienta y con qué objetivos.

Fuente: Carta de dirigentes europeos a António Costa, Ursula von der Leyen y la presidencia irlandesa del Consejo de la Unión Europea sobre la crisis de Ceuta, 1 de agosto de 2026.

Jorge Dezcallar atribuye el asalto a Ceuta a la debilidad de España ante Marruecos

Jorge Dezcallar critica la pasividad de Marruecos ante la entrada de migrantes en Ceuta, señalando que las concesiones españolas aumentan la presión marroquí y generan nuevas crisis.

El exembajador español en Rabat sostiene que la pasividad marroquí ante la entrada masiva en Ceuta demuestra que la cooperación migratoria está lejos de ser «ejemplar» y considera que las sucesivas cesiones españolas han reforzado la capacidad de presión de Marruecos.

Jorge Dezcallar, exembajador de España en Marruecos y exdirector del CNI, sostiene en un artículo publicado en EL PAÍS que la entrada masiva de ciudadanos marroquíes en Ceuta no puede separarse de la actitud de las autoridades de Rabat. A su juicio, la pasividad mostrada por las fuerzas de seguridad marroquíes evidencia al menos «complicidad o indiferencia» ante unos hechos que Pedro Sánchez ha calificado como una «violación y un ataque» contra la integridad territorial española.

Dezcallar examina distintas explicaciones posibles, entre ellas la reciente aproximación de España a Argelia, determinadas decisiones españolas en materia migratoria y la proposición de ley destinada a facilitar la nacionalidad española a los saharauis. Sobre esta última señala que podría haber provocado malestar en Rabat por la especial sensibilidad marroquí ante cualquier decisión relacionada con el Sáhara Occidental.

Sin embargo, su conclusión va más allá de estos factores concretos. Para el diplomático, el origen último de la crisis está en la debilidad mostrada por los sucesivos gobiernos españoles frente a Marruecos, y recuerda episodios como el cierre unilateral de la aduana de Melilla, el espionaje con Pegasus, las restricciones económicas sobre Ceuta y Melilla o la crisis provocada por la acogida hospitalaria de Brahim Ghali. Según Dezcallar, Rabat interpreta esas cesiones no como gestos de amistad, sino como señales de debilidad.

El exembajador concluye defendiendo una relación respetuosa con Marruecos, pero acompañada de una mayor firmeza en la defensa de los intereses españoles. Su diagnóstico es rotundo: ceder reiteradamente ante Rabat termina generando nuevos problemas en lugar de garantizar estabilidad.

Fuente: EL PAÍS, Jorge Dezcallar, 31 de julio de 2026.
Leer «El asalto a Ceuta: la debilidad de España ante Marruecos» en EL PAÍS

Dos voces saharauis analizan la «Marcha Verde» acuática de Ceuta como presión de Marruecos

Tesh Sidi y Taleb Alisalem advierten sobre un chantaje político de Marruecos hacia España, cuestionando la narrativa de un movimiento migratorio espontáneo en Ceuta.

Tesh Sidi denuncia un chantaje político contra España, mientras Taleb Alisalem sostiene que la llegada masiva responde a una operación organizada por el régimen marroquí.

La crisis fronteriza de Ceuta ha llevado a dos voces saharauis a los medios españoles para cuestionar la explicación que reduce lo sucedido a un movimiento migratorio espontáneo. La diputada Tesh Sidi y el activista Taleb Alisalem coinciden en situar la actuación de Marruecos dentro de una estrategia de presión política sobre España.

En declaraciones recogidas por Europa Press, Tesh Sidi sostuvo que «no se puede negociar con quien tiene una pistola encima de la mesa» y definió lo ocurrido como una decisión política dirigida a recordar la capacidad de presión de Rabat. La diputada reclamó que el Gobierno convoque a la embajadora marroquí y advirtió de que, después de la cesión española sobre el Sáhara Occidental, la monarquía alauí continuará presionando sobre Ceuta y Melilla.

Taleb Alisalem afirmó en Espejo Público, de Antena 3, que no se trata únicamente de inmigración, sino de una «operación perfectamente preparada y organizada» con objetivos estratégicos. El activista señaló que desde semanas antes circulaban en las redes sociales rutas, consejos y posibles momentos de menor vigilancia para aproximarse a la frontera. La propia información advierte de que las acusaciones sobre personas que habrían animado y orientado a los jóvenes no han sido verificadas de manera independiente.

Ambas intervenciones representan análisis políticos y no demuestran por sí solas que Marruecos organizara cada salida. Su importancia está en introducir en medios españoles una lectura saharaui basada en la experiencia acumulada frente al Majzén: la frontera no funcionaría como un espacio estable de cooperación, sino como una palanca que Rabat puede aflojar cuando busca nuevas concesiones.

NOTEOLVIDES ha incorporado estas declaraciones a su recorrido por los análisis publicados sobre la «Marcha Verde» acuática de Ceuta en la prensa española.

Fuentes: Europa Press y Antena 3, 31 de julio de 2026.

OPINIÓN | Ceuta: ¿una «Marcha Verde» acuática?

La llegada masiva desde Marruecos y la retirada de agentes fronterizos revive comparaciones con la Marcha Verde de 1975, reflejando cómo Rabat puede ejercer presión política sobre España.

La llegada masiva desde Marruecos, la retirada de agentes en algunos puntos de la frontera y el precedente de 2021 alimentan una comparación inquietante. No demuestra una operación planificada, pero vuelve a mostrar cómo Rabat puede convertir la presión humana en poder político sobre España.

Por EL OBSERVADOR SAHARAUI

Hablar de una «Marcha Verde acuática» resulta arriesgado, pero no completamente gratuito. La Marcha Verde de 1975 utilizó una movilización masiva de civiles para imponer una realidad política sobre el Sáhara Occidental y presionar a una España debilitada. Lo ocurrido ahora en Ceuta es diferente, pero la imagen de miles de personas avanzando desde Marruecos vuelve a colocar cuerpos humanos al servicio de una situación de presión fronteriza.

La comparación tiene límites evidentes. No existe una prueba pública de que Rabat haya organizado las salidas ni de que haya ordenado una operación contra España. Las autoridades marroquíes han realizado también interceptaciones y utilizado medios antidisturbios para contener algunos cruces. Madrid y Rabat atribuyen la oleada a las redes de tráfico y al efecto provocado por una sentencia española sobre las devoluciones en el mar.

Pero tampoco puede ignorarse lo observado durante la jornada más crítica: concentraciones de miles de jóvenes en territorio marroquí, zonas fronterizas sin vigilancia suficiente y agentes auxiliares que se retiraron mientras cientos de personas avanzaban. El antecedente de mayo de 2021 demostró que Marruecos puede relajar el control migratorio y convertir la frontera en una herramienta de presión diplomática.

El momento político añade preguntas. Pedro Sánchez acaba de recomponer la relación con Argelia tras la crisis provocada por su giro sobre el Sáhara Occidental, mientras el Congreso ha enviado al Pleno una proposición de ley para conceder la nacionalidad española a personas saharauis nacidas durante la administración colonial. Son decisiones que pueden incomodar a Rabat, pero no existe evidencia pública que permita presentarlas como causa directa de la crisis de Ceuta.

La expresión «Marcha Verde acuática» puede ser útil, por tanto, si sirve para señalar una forma de presión y no para deshumanizar a quienes arriesgan la vida. Esos jóvenes no son soldados de Mohamed VI: huyen de la falta de futuro en Marruecos. Pero un Estado que controla estrechamente su frontera puede aprovechar esa desesperación, contenerla o dejarla avanzar según sus intereses.

Quizá no estemos ante una nueva Marcha Verde en sentido estricto. Sí estamos ante el mismo problema de fondo: una España que vuelve a descubrir que su estabilidad depende demasiado de las decisiones adoptadas en Rabat.

Ceuta se desborda tras la retirada de los agentes marroquíes de la frontera

España y Marruecos atribuyen la llegada de jóvenes a redes de tráfico, mientras ambos gobiernos destacan su cooperación. Sin embargo, las fuerzas marroquíes se retiraron cuando cientos de jóvenes marroquíes intentaron cruzar la frontera, evidenciando carencias en el control.

El Gobierno moviliza al Ejército y Sánchez anuncia su viaje a la ciudad, mientras Madrid continúa elogiando la cooperación de Marruecos pese a la retirada de sus agentes durante el avance masivo.

ACTUALIZACIÓN · 21:30

El Gobierno ha decidido movilizar al Ejército de Tierra desplegado en Ceuta para reforzar a las fuerzas de seguridad después de que la entrada masiva desde Marruecos desbordara la frontera y los recursos de acogida. Pedro Sánchez y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, tienen previsto desplazarse a la ciudad autónoma para seguir la crisis sobre el terreno.

La gravedad de la situación se refleja también en el balance humano. Las últimas informaciones elevan a nueve el número de cuerpos recuperados durante los intentos de entrada de los últimos días, mientras continúan las operaciones de rescate y atención a las personas que han alcanzado Ceuta.

La intervención del Ejército y el viaje del presidente confirman que no estamos ante una incidencia migratoria ordinaria. La crisis ha alcanzado una dimensión nacional precisamente mientras el Gobierno sigue calificando de «ejemplar» la cooperación con Marruecos y evita exigir explicaciones públicas por la retirada de los agentes marroquíes ante el avance de cientos de personas.


Miles de jóvenes marroquíes se concentraron este jueves en Castillejos para intentar alcanzar Ceuta. Cientos cruzaron por tierra o bordearon a nado el espigón del Tarajal, desbordando a la Guardia Civil, a la Policía y a los servicios de acogida de la ciudad.

España y Marruecos han respondido con una versión común. Ambos gobiernos atribuyen las llegadas a redes criminales que estarían aprovechando una reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre las devoluciones en el mar. También han acordado agilizar la entrega a Marruecos de quienes hayan entrado irregularmente y han calificado su colaboración de «ejemplar».

Pero esa explicación no resuelve lo ocurrido en la frontera. Según la información difundida por EFE y recogida por distintos medios, cientos de jóvenes saltaron unas protecciones que no estaban custodiadas y los agentes de las fuerzas auxiliares marroquíes se retiraron al aproximarse la multitud. La Marina Real participó en rescates e interceptaciones en el mar, pero la cooperación posterior no borra la inhibición observada en tierra cuando se produjo el avance masivo.

No hace falta acreditar una orden secreta de Rabat para señalar la responsabilidad política marroquí. Las personas partieron desde costas y localidades sometidas a un intenso control policial, se concentraron durante horas junto a la frontera y avanzaron ante la retirada de quienes debían contenerlas. Presentar todo eso como una consecuencia casi automática de una sentencia española significa aceptar sin demasiadas preguntas el relato construido por Marruecos.

El precedente de mayo de 2021 impide considerar ingenuamente estos acontecimientos. Entonces, Rabat relajó los controles después de que España acogiera a Brahim Ghali y miles de personas entraron en Ceuta. La frontera quedó convertida en una herramienta de presión diplomática cuya eficacia dependía precisamente de que Marruecos pudiera abrirla y volver a cerrarla.

La reacción del Gobierno español vuelve a mostrar esa dependencia. Mientras Ceuta reclama ayuda y sus servicios se encuentran saturados, Interior agradece a Marruecos sus esfuerzos y evita cuestionar públicamente la retirada de sus agentes. Madrid necesita que Rabat vuelva a controlar la salida de sus ciudadanos y, por esa razón, llama «cooperación ejemplar» a una relación en la que Marruecos conserva el poder de provocar —o detener— la crisis.

Fuentes: Agencias

Sáhara Occidental, Ceuta y Melilla: un estudio alerta del coste estratégico del giro español hacia Marruecos – EL OBSERVADOR SAHARAUI | BREVE

Un catedrático de Derecho Internacional vincula la crisis de Ceuta de 2021 y la fragilidad estratégica española con la ruptura del equilibrio histórico sobre el Sáhara Occidental.

Un nuevo estudio académico del catedrático de Derecho Internacional Alejandro del Valle Gálvez vuelve a situar el Sáhara Occidental en el centro de la geopolítica del Estrecho de Gibraltar. El trabajo, publicado en la revista especializada Peace & Security – Paix et Sécurité Internationales, sostiene que España sigue careciendo de una política exterior coherente y estable en una región clave para su seguridad y para el equilibrio del Mediterráneo occidental.

El estudio analiza especialmente las consecuencias del giro diplomático de marzo de 2022, cuando el Gobierno español respaldó públicamente el plan marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental. Según el autor, aquella decisión rompió los “difíciles equilibrios” que España mantenía entre Marruecos y Argelia y evidenció una actuación “reactiva, improvisada y sin consenso interno”.

Uno de los aspectos más relevantes del análisis es la relación directa que establece entre la cuestión saharaui y el futuro estratégico de Ceuta y Melilla. El trabajo recuerda que Marruecos mantiene reivindicaciones sobre ambas ciudades y considera que Rabat utiliza el conflicto del Sáhara Occidental dentro de una estrategia regional más amplia.

El investigador también interpreta la crisis migratoria de Ceuta de mayo de 2021 como un episodio de presión política ligado al conflicto saharaui. Según el estudio, Marruecos utilizó la inmigración irregular para forzar un cambio de posición española respecto al Sáhara Occidental, en lo que define como una “injerencia” consciente en la política exterior española.

Del Valle defiende finalmente la necesidad urgente de una auténtica geoestrategia española para el Estrecho de Gibraltar, basada en el consenso político, la coherencia internacional y una visión a largo plazo que incluya el Sáhara Occidental como elemento central de estabilidad regional.

Fuente: El Faro de Ceuta
Estudio académico citado: Geopolítica y geoestrategia en la región del Estrecho de Gibraltar: Carencias de la política exterior de España, Alejandro del Valle Gálvez, Peace & Security – Paix et Sécurité Internationales (2026).