Sahel en ruptura: Mali, Kidal y el impacto de la inestabilidad sobre el Sáhara Occidental

La caída de Kidal en Mali refleja la creciente inestabilidad del Sahel y su impacto indirecto en el conflicto del Sáhara Occidental.

La reciente caída de Kidal en manos de una coalición de rebeldes tuareg y grupos yihadistas marca un punto de inflexión en la crisis de Mali y, por extensión, en la dinámica del Sahel. No se trata únicamente de un episodio militar más, sino de un síntoma de descomposición progresiva de un Estado que ya venía mostrando signos de fragilidad estructural desde hace años.

La toma de Kidal tiene un valor que va más allá de lo territorial. Se trata de un enclave simbólico y estratégico que había sido presentado por la junta militar de Bamako como uno de los grandes logros de su alianza con actores externos, especialmente Rusia. Su pérdida, rápida y con escasa resistencia, pone en cuestión tanto la capacidad operativa del Estado maliense como la eficacia de sus socios en el terreno.

Pero lo más significativo no es solo la caída de la ciudad, sino la naturaleza de la ofensiva. La coordinación entre movimientos tuareg y la filial de Al Qaeda en el Sahel confirma una convergencia táctica que, aunque ya se intuía, ahora se hace explícita. Este tipo de alianzas, más pragmáticas que ideológicas, responden a una lógica de desgaste: no buscan necesariamente controlar todo el territorio, sino fragmentar el poder estatal, romper las líneas logísticas y generar un escenario de inestabilidad permanente.

En este contexto, Mali deja de ser un actor estable para convertirse en un espacio en disputa constante. El bloqueo de rutas, los ataques a convoyes y la presión sobre infraestructuras clave apuntan a una estrategia prolongada en el tiempo, orientada a asfixiar al Estado más que a sustituirlo. La retirada o debilitamiento de actores externos, como los grupos vinculados a Rusia, añade un elemento adicional de incertidumbre.

Este deterioro tiene implicaciones directas más allá de las fronteras malienses. El Sahel, lejos de estabilizarse, entra en una nueva fase en la que las dinámicas de conflicto se expanden y se interconectan. En ese escenario, el Sáhara Occidental no queda al margen.

Desde hace años, Marruecos ha intentado vincular la cuestión saharaui con la lucha contra el terrorismo en el Sahel, presentándose como un actor clave en la estabilidad regional. La intensificación de la inseguridad en países como Mali refuerza ese discurso, aunque no lo legitima jurídicamente. Al mismo tiempo, la volatilidad del entorno regional condiciona las posiciones de actores internacionales, que tienden a priorizar la seguridad y la estabilidad frente a otros principios.

Sin embargo, esta lectura tiene límites claros. La inestabilidad en el Sahel no resuelve el conflicto del Sáhara Occidental ni modifica su naturaleza jurídica como proceso de descolonización pendiente. Lo que sí hace es alterar el contexto en el que se desarrolla, introduciendo nuevos elementos de presión y nuevas variables en la toma de decisiones de los actores implicados.

Además, el debilitamiento de Estados en el entorno saheliano abre interrogantes sobre el futuro de las rutas, los equilibrios estratégicos y la proyección de influencia en toda la región. En ese tablero, el control del territorio, el acceso al Atlántico y la gestión de los flujos migratorios adquieren una dimensión aún más relevante.

La caída de Kidal, por tanto, no es un episodio aislado. Es una señal de que el Sahel sigue siendo uno de los espacios más inestables del sistema internacional, y de que esa inestabilidad tiene efectos que se proyectan hacia el norte, alcanzando también al conflicto del Sáhara Occidental.

En un momento en el que la atención internacional parece reactivarse en torno a este último, conviene no perder de vista el contexto regional en el que se inscribe. Porque, en el Magreb y el Sahel, los equilibrios nunca son estancos: lo que ocurre en un punto del mapa acaba influyendo, tarde o temprano, en el conjunto.

Sáhara Occidental, minerales y geopolítica: una hipótesis sobre el trasfondo del giro español

Un análisis examina la hipótesis de un posible intercambio estratégico entre España y Marruecos vinculado al Sáhara Occidental y los recursos submarinos.

Un análisis publicado recientemente por African Security Analysis plantea una lectura tan sugerente como controvertida sobre la evolución de la relación entre España y Marruecos en torno al Sáhara Occidental. Bajo el título “The Sahara for Seabed Transaction: Morocco–Spain Strategic Exchange Beneath the Atlantic”, el texto propone una hipótesis geopolítica que merece ser examinada con atención, aunque también con cautela.👉 Leer el artículo original:
https://www.africansecurityanalysis.com/reports/the-sahara-for-seabed-transaction-morocco-spain-strategic-exchange-beneath-the-atlantic

El núcleo del planteamiento es claro: el giro de España en 2022, al respaldar el plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental, no respondería únicamente a factores diplomáticos o políticos, sino que podría estar vinculado a un intercambio estratégico no formalizado. Según esta interpretación, Marruecos habría moderado su presión sobre la delimitación marítima en el entorno de Canarias, mientras España habría reforzado su apoyo político a Rabat en el dossier saharaui.

Conviene subrayarlo desde el inicio: no existe ninguna prueba pública que confirme la existencia de un acuerdo de este tipo. El propio análisis se mueve en el terreno de la interpretación estratégica, construida a partir de elementos reales pero combinados en una lectura que va más allá de los hechos verificables.

Entre esos elementos sí constatables figuran, por ejemplo, la aprobación por Marruecos en 2020 de leyes que amplían su zona económica exclusiva, el interés creciente por los recursos minerales del lecho marino —especialmente en áreas como el monte Tropic, rico en cobalto, telurio y tierras raras—, o el cambio de posición del Gobierno español en 2022 respecto al Sáhara Occidental. También es un hecho que la Unión Europea busca reducir su dependencia de materias primas estratégicas en un contexto global cada vez más competitivo.

A partir de estos datos, el análisis construye una hipótesis: que ambos países estarían operando sobre una lógica de intercambio implícito de intereses, en la que la cuestión del Sáhara Occidental y los recursos submarinos formarían parte de una misma ecuación estratégica. Una lógica que, según el texto, no podría formalizarse en un acuerdo público, pero que se reflejaría en comportamientos convergentes.

Sin embargo, este tipo de planteamientos exige una lectura prudente. La política internacional, especialmente en espacios tan complejos como el Magreb y el Atlántico nororiental, responde a múltiples factores simultáneos: seguridad, migración, energía, equilibrios regionales y relaciones bilaterales. Reducir estas dinámicas a un único intercambio, por coherente que pueda parecer sobre el papel, implica asumir un nivel de certeza que no se desprende de los hechos disponibles.

Más que una afirmación demostrada, estamos ante una hipótesis de trabajo que invita a reflexionar sobre una dimensión a menudo poco visible del conflicto del Sáhara Occidental: su inserción en las grandes dinámicas geopolíticas contemporáneas. El control de recursos estratégicos, la competencia por el acceso a materias primas críticas y la reconfiguración de alianzas en el entorno euroafricano forman parte de ese contexto.

En este sentido, el valor del análisis no reside tanto en la veracidad de la tesis que propone —que no puede darse por confirmada— como en la capacidad de abrir preguntas relevantes. ¿Hasta qué punto los recursos naturales condicionan las posiciones políticas en torno al Sáhara Occidental? ¿Qué papel juega la dimensión marítima en el equilibrio entre España y Marruecos? ¿Cómo se insertan estos elementos en la estrategia europea de autonomía estratégica?

El Sáhara Occidental sigue siendo, en esencia, un proceso de descolonización pendiente. Pero, al mismo tiempo, es también un espacio donde convergen intereses económicos, energéticos y geopolíticos de primer orden. Analizar estas intersecciones, incluso a partir de hipótesis discutibles, puede contribuir a comprender mejor la complejidad del momento actual.

Porque, en última instancia, entre los hechos y las interpretaciones, hay un terreno intermedio donde se construyen las lecturas estratégicas. Y es precisamente ahí donde conviene situar este tipo de análisis.

Campamentos saharauis: la reducción de la ayuda agrava una crisis que el bloqueo político prolonga

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En un artículo publicado en El País bajo el título “Las víctimas invisibles de la reducción de la ayuda humanitaria: los refugiados saharauis”, el profesor Abderrahmane Taleb Omar analiza el deterioro de la situación en los campamentos de Tinduf en un contexto marcado por los recortes en la asistencia internacional y la falta de avances políticos.

El texto detalla el impacto directo de esta reducción sobre aspectos esenciales como la alimentación, la sanidad, la educación o el acceso al agua, y advierte de sus consecuencias a medio plazo: mayor vulnerabilidad social, presión migratoria y debilitamiento de las estructuras locales. Una evolución que no puede entenderse sin el bloqueo del proceso político en el Sáhara Occidental.


👉 A continuación, el artículo completo de El País:
“Las víctimas invisibles de la reducción de la ayuda humanitaria: los refugiados saharauis”, por Abderrahmane Taleb Omar.

Sahel y Sáhara Occidental: Mali entre el apoyo a Marruecos y sus propias contradicciones

El apoyo de Mali a Marruecos sobre el Sáhara Occidental refleja intereses estratégicos y contradicciones en el contexto del Sahel.

En los últimos días, la decisión de Mali de retirar su reconocimiento a la República Saharaui y respaldar la posición marroquí sobre el Sáhara Occidental ha sido presentada como un movimiento diplomático más dentro del tablero africano. Sin embargo, una lectura más detenida permite entender que no se trata de un cambio ideológico, sino de un ajuste estratégico condicionado por factores geopolíticos, económicos y regionales.

Mali es un país sin salida al mar y, en el actual contexto de aislamiento regional tras su ruptura con la CEDEAO y el deterioro de sus relaciones con varios países vecinos, necesita alternativas para garantizar su acceso al comercio internacional. En este escenario, la iniciativa marroquí de conectar el Sahel con el Atlántico a través del puerto de Dajla adquiere un valor clave. No se trata solo de infraestructuras, sino de una dependencia potencial que, en la práctica, empuja a Bamako a alinearse con Rabat.

A esta dimensión económica se suma la variable política. Las tensiones con Argelia, tradicional aliado del Frente Polisario, han contribuido a reforzar este giro. Apoyar la posición marroquí en el Sáhara Occidental no solo acerca a Mali a un nuevo socio estratégico, sino que también supone un mensaje claro en el contexto de su confrontación con Argel.

Sin embargo, este movimiento plantea una contradicción difícil de ignorar. La junta militar maliense defiende con firmeza la integridad territorial frente a las reivindicaciones internas, como las del norte del país. Pero al mismo tiempo avala una posición que, en el caso del Sáhara Occidental, entra en conflicto con el principio de autodeterminación reconocido por Naciones Unidas. Esta doble vara de medir refleja una lógica de intereses que se impone sobre cualquier coherencia jurídica.

A ello se añade un elemento revelador. Un documento reciente de la embajada de Marruecos en Bamako anuncia la suspensión de los visados electrónicos para ciudadanos malienses a partir del 27 de abril. La medida, adoptada en paralelo a este acercamiento político, introduce una lectura adicional: la relación entre ambos países no se basa tanto en una apertura recíproca como en una lógica de control y gestión estratégica.

En este contexto, el apoyo de Mali a Marruecos no altera el fondo del conflicto del Sáhara Occidental, que sigue siendo un territorio pendiente de descolonización según Naciones Unidas. Pero sí refleja una tendencia más amplia: la progresiva incorporación del conflicto a dinámicas geopolíticas donde los intereses económicos, las alianzas regionales y la competencia por la influencia pesan más que los principios jurídicos.

En definitiva, más que un cambio estructural, lo que se observa es un reajuste de posiciones en un entorno cada vez más inestable. Y en ese escenario, el Sáhara Occidental vuelve a aparecer no como un problema resuelto, sino como un espacio donde se proyectan intereses que van mucho más allá del propio territorio.

Sáhara Occidental: la posición británica entre el apoyo político y el marco de la ONU

La reciente visita del ministro de Asuntos Exteriores marroquí a Londres ha permitido constatar un elemento que define la posición del Reino Unido respecto al Sáhara Occidental: la continuidad. Más que un cambio, lo que se observa es la consolidación de una línea ya marcada en 2025.

Durante su estancia en la capital británica, Nasser Bourita mantuvo encuentros con distintos responsables políticos. Fue en el marco de la reunión con la ministra Yvette Cooper donde se abordó explícitamente la cuestión del Sáhara, con una reafirmación del respaldo británico al plan de autonomía marroquí como base “creíble, viable y pragmática”.

Sin embargo, esta formulación no constituye una novedad. El Reino Unido ya había adoptado esta posición en el contexto del diálogo estratégico con Marruecos, alejándose de la ambigüedad que caracterizaba etapas anteriores.

El elemento relevante reside en el equilibrio que mantiene Londres. Junto a este respaldo político, el Reino Unido sigue insistiendo en que cualquier solución debe desarrollarse en el marco de Naciones Unidas. Una doble referencia que permite sostener una posición alineada con Marruecos sin desvincularse del proceso internacional.

Este enfoque refleja una estrategia más amplia. Como miembro permanente del Consejo de Seguridad, el Reino Unido combina su apoyo a uno de los actores del conflicto con la preservación del marco multilateral, evitando así un posicionamiento que pueda interpretarse como reconocimiento de soberanía.

Para Marruecos, este tipo de declaraciones tiene un valor diplomático evidente, especialmente en un momento en el que se intensifican los movimientos en torno a la revisión de la MINURSO. Para el proceso en sí, sin embargo, el efecto es más limitado: refuerza una narrativa, pero no introduce cambios sustanciales.

La conclusión es clara: la posición británica no ha cambiado, pero su reiteración en el contexto actual adquiere significado. No como avance, sino como parte de un equilibrio diplomático que sigue definiendo el desarrollo del conflicto.

MINURSO y Sáhara Occidental: entre el “momento de oportunidad” y la ausencia de avances concretos

La ONU habla de una oportunidad en el Sáhara Occidental, pero la revisión de la MINURSO sigue sin resultados visibles.

La revisión estratégica de la MINURSO entra en una fase clave en Naciones Unidas, marcada por contactos diplomáticos discretos y mensajes que apuntan a una posible reactivación del proceso político en el Sáhara Occidental. Sin embargo, por el momento, los avances siguen siendo más perceptivos que reales.

En los últimos días, el secretario general de la ONU, António Guterres, ha mantenido contactos con el jefe de la MINURSO, Alexander Ivanko, en el marco de la preparación del informe estratégico solicitado por el Consejo de Seguridad. Este documento, previsto en aplicación de la resolución 2797, debe evaluar el futuro de la misión en un contexto de estancamiento prolongado.

En paralelo, el enviado personal del secretario general para el Sáhara Occidental, Staffan de Mistura, ha trasladado ante el Consejo de Seguridad un mensaje de “optimismo prudente”, al considerar que existe un “verdadero impulso” y una “oportunidad” para avanzar hacia una solución del conflicto. Se trataría, según sus palabras, de las primeras negociaciones sustantivas en varios años.

Este planteamiento se apoya en varios elementos: la reanudación de contactos entre las partes, la presentación por parte de Marruecos de desarrollos más detallados de su propuesta de autonomía y la participación del Frente Polisario en los intercambios recientes. Sin embargo, el propio discurso introduce matices relevantes.

De Mistura insiste en la necesidad de “compromisos históricos” por parte de las partes y reconoce las reticencias existentes, especialmente en lo relativo al papel futuro del Polisario y a las garantías de seguridad. Al mismo tiempo, señala que cualquier solución deberá contemplar el principio de autodeterminación, aunque sin definir de forma concreta cómo se articularía este elemento.

En este contexto, el contraste entre el discurso y la realidad resulta evidente. A pesar del tono más positivo, no se han anunciado acuerdos, ni cambios en el marco de negociación, ni avances tangibles en la resolución del conflicto. La propia revisión de la MINURSO se encuentra aún en fase de evaluación, sin que se conozcan sus conclusiones.

El momento tampoco puede entenderse al margen del contexto internacional. La implicación de Estados Unidos, el posicionamiento de algunos miembros del Consejo de Seguridad y la evolución de las dinámicas regionales en el Magreb y el Sahel influyen en este intento de reactivar el proceso.

La combinación de estos factores permite hablar de una fase distinta, pero no necesariamente de un punto de inflexión. Más que un avance consolidado, lo que se percibe es la construcción de un clima político que busca abrir espacio a una eventual negociación.

Por ahora, la situación sigue marcada por una constante: la percepción de oportunidad contrasta con la ausencia de resultados visibles. El Sáhara Occidental continúa, así, en un equilibrio entre movimiento diplomático y bloqueo político, donde cada señal de avance convive con la persistencia de un conflicto sin resolver.

Sahel y Sáhara Occidental: Argelia responde a la estrategia de Marruecos con el puerto de Djen Djen

Argelia impulsa el puerto de Djen Djen como alternativa a la estrategia marroquí en el Sahel, en un contexto marcado por la rivalidad regional y el conflicto del Sáhara Occidental.

En un contexto de creciente competencia regional, Argelia ha dado un nuevo paso para reforzar su influencia en el Sahel al anunciar la apertura del puerto de Djen Djen como puerta comercial para los países sin salida al mar de la región. La iniciativa se presenta como una alternativa a los proyectos impulsados por Marruecos en el frente atlántico africano, evidenciando la intensificación de la rivalidad estratégica entre ambos países.

La propuesta argelina, formulada en el marco de contactos diplomáticos con países del Sahel, busca consolidar una red logística basada en infraestructuras terrestres y marítimas que conecten el norte de África con el interior del continente. Entre los elementos clave se encuentran la ruta transahariana y los proyectos de interconexión, que Argel considera instrumentos para fortalecer su papel como actor económico y político en la región.

Este movimiento se produce en paralelo a la estrategia marroquí de ofrecer acceso al Atlántico a los países del Sahel, una iniciativa que ha sido bien recibida por varios gobiernos de la zona y que forma parte de una política más amplia de proyección africana por parte de Rabat. La competencia entre ambas propuestas refleja un cambio de escala en la rivalidad entre Marruecos y Argelia, que trasciende el plano bilateral para proyectarse sobre el conjunto del Sahel.

En este escenario, el Sáhara Occidental aparece como un elemento de fondo que condiciona estas dinámicas. Aunque no se mencione de forma explícita en todos los movimientos, el conflicto sigue influyendo en alianzas, reconocimientos diplomáticos y posicionamientos regionales. La retirada del reconocimiento de la República Saharaui por parte de algunos países del Sahel en los últimos años ilustra hasta qué punto estas relaciones están atravesadas por el conflicto.

La iniciativa del puerto de Djen Djen puede interpretarse así no solo como un proyecto económico, sino como una herramienta geopolítica destinada a equilibrar la creciente presencia de Marruecos en África occidental. Al mismo tiempo, refleja la voluntad de Argelia de recuperar protagonismo en una región donde su influencia ha sido cuestionada en los últimos años.

Más allá de los detalles concretos de cada proyecto, la tendencia es clara: el Sahel se consolida como un espacio clave en la rivalidad entre Marruecos y Argelia. Y en ese tablero, el Sáhara Occidental sigue siendo un elemento central, aunque a menudo implícito, de una disputa que combina infraestructuras, diplomacia y posicionamiento estratégico.

MINURSO: una reunión sin resultados visibles confirma el bloqueo en el Sáhara Occidental

La reunión del Consejo de Seguridad sobre la MINURSO se ha cerrado sin resultados públicos, reflejando el bloqueo del conflicto del Sáhara Occidental.

La reunión celebrada el pasado 23 de abril en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre la MINURSO no ha dejado, por el momento, ningún resultado público concreto. Una ausencia de información que, lejos de ser excepcional, responde al funcionamiento habitual de este tipo de consultas a puerta cerrada.

En estas sesiones, los Estados miembros analizan informes y valoran escenarios, pero rara vez trasladan decisiones inmediatas al exterior. En el caso del Sáhara Occidental, esta dinámica se ha convertido en una constante: actividad diplomática sin traducción visible en avances políticos.

El encuentro de esta semana se enmarca en la revisión estratégica de la MINURSO, una misión creada en 1991 con el objetivo de organizar un referéndum de autodeterminación que, más de tres décadas después, sigue sin celebrarse. Este desfase entre el mandato original y la realidad actual es uno de los elementos centrales del debate.

Aunque no se han hecho públicas conclusiones, distintos elementos permiten situar el foco de la discusión. Entre ellos, el papel operativo de la misión en un contexto marcado por la ruptura del alto el fuego en 2020, la persistencia de una guerra de baja intensidad y la ausencia de un horizonte político claro.

A ello se suma una cuestión recurrente: la limitada evolución del mandato de la MINURSO, que sigue sin incluir mecanismos específicos de supervisión de derechos humanos, a diferencia de otras misiones de paz de Naciones Unidas.

La falta de resultados visibles tras la reunión no implica ausencia de debate, sino más bien refleja la dificultad de avanzar en un escenario marcado por posiciones consolidadas y equilibrios geopolíticos que condicionan cualquier posible cambio.

En este contexto, la continuidad de la MINURSO sigue planteando una cuestión de fondo: si su función es facilitar una solución política o, en la práctica, gestionar un conflicto que permanece sin resolver.

Empresas implicadas en el expolio de recursos saharauis participan en la Seafood Expo Global de Barcelona

El Observatorio Saharaui denuncia la participación en la Seafood Expo Global de Barcelona de empresas vinculadas a la explotación de recursos del Sáhara Occidental ocupado

El Observatorio Saharaui para los Recursos Naturales y la Protección del Medio Ambiente (SONREP) ha denunciado la participación de empresas implicadas en la explotación de recursos marinos del Sáhara Occidental en la Seafood Expo Global 2026, celebrada en Barcelona del 21 al 23 de abril.

Según el comunicado difundido por la organización, varias empresas marroquíes que operan en las aguas del Sáhara Occidental ocupado están presentes en el evento, comercializando productos como sardinas, caballa y pulpo procedentes del territorio. Entre ellas se citan compañías como Conserverie Rio de Oro o King Pelagique Damsa, que operan desde ciudades ocupadas como El Aaiún y Dajla.

El Observatorio subraya que esta situación se produce pese a la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que establece que cualquier actividad económica en el Sáhara Occidental debe contar con el consentimiento del pueblo saharaui, representado por el Frente Polisario.

Asimismo, denuncia que la exhibición de estos productos bajo la etiqueta de Marruecos constituye una práctica engañosa y vulnera el principio de soberanía permanente sobre los recursos naturales del territorio.

El comunicado también apunta a la responsabilidad de los organizadores de la feria y de las autoridades españolas por permitir la presencia de empresas vinculadas a la explotación de recursos en un territorio pendiente de descolonización.

Finalmente, SONREP hace un llamamiento a organizaciones internacionales, empresas e importadores para que se abstengan de participar en actividades relacionadas con recursos procedentes del Sáhara Occidental ocupado, alertando de que estas prácticas contribuyen a prolongar el conflicto y el sufrimiento del pueblo saharaui.

Análisis en: https://noteolvidesdelsaharaoccidental.org/sahara-occidental-feria-barcelona-expolio-recursos/

La Audiencia Nacional rechaza el asilo a un saharaui y reabre el debate sobre su situación jurídica

La Audiencia Nacional rechaza el asilo a un ciudadano saharaui y vuelve a poner el foco en las dificultades jurídicas que enfrentan en el acceso a la protección internacional.

La Audiencia Nacional ha rechazado la solicitud de protección internacional presentada por un ciudadano saharaui que alegaba la imposibilidad de tratamiento médico adecuado para su hijo y la discriminación sufrida en Marruecos.

Según la sentencia, el tribunal considera que los hechos expuestos no cumplen los requisitos exigidos para el reconocimiento del asilo ni de la protección subsidiaria, al no acreditarse una persecución individualizada por los motivos previstos en la normativa internacional.

El fallo también subraya que la documentación médica aportada no demuestra la imposibilidad de recibir tratamiento en el país de origen, y recuerda que el derecho a la protección internacional no puede utilizarse como vía para mejorar las condiciones de vida o acceder a servicios sanitarios de mayor calidad.

La resolución cuenta además con un informe desfavorable de ACNUR y confirma la decisión previa del Ministerio del Interior de denegar la solicitud.

El caso se produce en un contexto en el que distintas decisiones judiciales y debates políticos vuelven a situar la situación jurídica de los saharauis en el centro de atención, especialmente en lo relativo a su acceso a la protección internacional.

Más allá del caso concreto, la decisión vuelve a poner de relieve una cuestión de fondo: las dificultades del marco jurídico actual para reconocer la situación específica de los saharauis en el acceso a la protección internacional. En contextos donde la discriminación no siempre se manifiesta de forma individualizada o fácilmente acreditable, este tipo de resoluciones reabre el debate sobre hasta qué punto el sistema es capaz de dar respuesta a una realidad marcada por la inseguridad jurídica y la falta de encaje en las categorías tradicionales del asilo.

Más información en: Sáhara Occidental en España

Fuente: Infobae – La Audiencia Nacional rechaza el asilo a un saharaui que alegó que Marruecos no quería atender a su hijo con una enfermedad grave

Bojador ocupada: una familia saharaui denuncia asedio y la expulsión de una activista de derechos humanos

❇️Sáhara Occidental, Bojador ocupada:
Asedio a la familia de un preso político saharaui, tortura, prohibición y expulsión forzosa de una activista política y defensora saharaui de derechos humanos.

⏮️Las fuerzas de ocupación marroquíes continúan imponiendo medidas de asedio y hostigamiento contra civiles saharauis defensores de los derechos humanos y partidarios del derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación, en una clara violación del derecho internacional humanitario y del derecho internacional de los derechos humanos.

En este contexto, desde hace al menos cinco días, distintos aparatos de inteligencia de la fuerza ocupante marroquí han impuesto un estricto cerco a la vivienda de la familia del ex preso político saharaui Abd El Moula El Hafidi, quien recuperó su libertad el 16 de abril de 2026 tras cumplir diez años de prisión efectiva en el marco de detención política.

Este asedio tiene como objetivo impedir que sus familiares y los civiles saharauis puedan visitarlo o recibirlo como preso liberado después de años de tortura física y psicológica, así como de privaciones sufridas durante el largo y duro periodo que pasó trasladado entre diferentes cárceles marroquíes, lo que constituye una forma de castigo colectivo prohibido por las normas del derecho internacional.

Sobre esta base, el Buró Ejecutivo del Colectivo de Defensores Saharauis de Derechos Humanos en el Sáhara Occidental (CODESA) expresa su más enérgica condena y profundo rechazo por el asedio y las restricciones impuestas a esta familia, así como por la agresión física, el trato degradante, la expulsión forzosa y la prohibición sufridas por la activista política y defensora saharaui de derechos humanos El Ouara Sidi Brahim Khaya, el 17 de abril de 2026, cuando intentaba visitar a la familia del preso político recientemente liberado.

⬅️Según el testimonio de la mencionada activista, esta se dirigió a la ciudad ocupada de Bojador para participar en la recepción del preso político saharaui Abd El Moula El Hafidi con motivo de su liberación. Confirmó además que el pachá de la ciudad y un oficial de policía supervisaron personalmente los actos de tortura y las prácticas humillantes y atentatorias contra la dignidad humana, antes de ordenar su expulsión forzosa a bordo de un taxi colectivo con destino a la ciudad ocupada de El Aaiún.

Lo cometido por la fuerza ocupante marroquí, consistente en el asedio, la restricción de la libertad de circulación, la confiscación del derecho a la libre expresión y el uso de la violencia y la humillación contra esta activista y otros civiles saharauis en la ciudad, constituye una grave violación de los artículos 27 y 33 del IV Convenio de Ginebra de 1949, que obligan a la potencia ocupante a respetar a las personas protegidas y salvaguardar su dignidad e integridad física y moral. Asimismo, representa una violación del artículo 12 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos relativo a la libertad de circulación y elección de residencia.

✅En consecuencia, el Buró Ejecutivo de CODESA exige:

✔️1 / El cese inmediato de todas las formas de hostigamiento, castigo colectivo y agresiones contra los defensores de derechos humanos, los presos políticos saharauis y sus familias en sus lugares de residencia.

✔️2 / Garantizar a la activista política y defensora de derechos humanos El Ouara Sidi Brahim Khaya su derecho a regresar a su domicilio en la ciudad ocupada de Bojador sin condiciones previas, así como asegurar su derecho a la libertad de expresión y de circulación conforme a los instrumentos internacionales pertinentes.

✔️3 / La apertura de una investigación internacional e independiente sobre los hechos de agresión, trato degradante y expulsión forzosa sufridos por la citada activista desde 2020, junto con miembros de su familia y otros defensores de derechos humanos y civiles saharauis solidarios.

✔️4 / Hace un llamamiento a las Naciones Unidas y a los mecanismos especializados de la ONU para garantizar la protección de los civiles saharauis en el Sáhara Occidental y asegurar el pleno ejercicio de sus derechos legítimos reconocidos por el derecho internacional humanitario.

✔️5 / Reitera que la persistencia de la impunidad sigue siendo un factor que facilita y alienta a la fuerza ocupante marroquí a cometer más crímenes contra la humanidad y graves violaciones de los derechos humanos, socavando además las obligaciones internacionales relativas al Sáhara Occidental, en tanto territorio pendiente de descolonización conforme al derecho internacional.

♻️El Aaiún ocupada, 19 de abril de 2026
Buró Ejecutivo del Colectivo de Defensores Saharauis
de Derechos Humanos en el Sáhara Occidental

(CODESA)

Apatridia saharaui: qué puede pasar en los tribunales

La exclusión de los solicitantes de apatridia del proceso de regularización en España abre una nueva fase: la judicial.

Abogados saharauis han anunciado que presentarán solicitudes para forzar una respuesta del Gobierno y recurrirla en los tribunales si es denegada.

El objetivo es claro: trasladar el debate del terreno político al jurídico.

La clave estará en determinar si esta exclusión supone un trato discriminatorio, ya que la mayoría de solicitantes de apatridia en España son saharauis.

Además, el problema no es solo el decreto. Los procedimientos de apatridia pueden durar años, dejando a las personas afectadas sin derechos efectivos durante ese tiempo.

Si los recursos avanzan, el caso podría llegar al Tribunal Supremo o incluso al Constitucional.

Más información en… Sáhara Occidental: qué puede pasar en los tribunales tras la exclusión de los saharauis de la regularización

Universidades españolas y Sáhara Occidental: cuando el debate se rompe

Estudiantes saharauis denuncian expulsión en la Universidad de Zaragoza durante un acto vinculado al consulado marroquí sobre el Sáhara Occidental.

Lo ocurrido en la Facultad de Derecho de la Universidad de Zaragoza no debería despacharse como un incidente aislado. La expulsión de estudiantes saharauis que intentaban intervenir en una conferencia organizada con participación del consulado marroquí, acompañada de empujones y forcejeos, apunta a algo más profundo que un simple altercado puntual.

Según denuncian las organizaciones presentes, el conflicto se produjo en el momento en que intentaron cuestionar el contenido del acto. Es decir, cuando el supuesto espacio de debate dejó de ser un espacio controlado y pasó a convertirse en una discusión real. Fue entonces cuando se produjo la expulsión.

Ese detalle es importante. Porque desplaza el foco: no estamos solo ante un problema de orden, sino ante los límites efectivos del debate en determinados contextos.

En los últimos años, la presencia de iniciativas vinculadas a Marruecos en universidades españolas ha ido creciendo. Conferencias, colaboraciones institucionales o actividades académicas que, formalmente, se presentan como espacios de intercambio, pero que en la práctica generan una controversia recurrente. Para los colectivos solidarios con el pueblo saharaui, estos actos no son neutrales, sino parte de una estrategia de proyección política en espacios académicos.

Zaragoza encaja en ese patrón. No es el primer campus donde se plantean tensiones de este tipo, y probablemente no será el último. Lo que cambia en este caso es la visibilidad: la existencia de imágenes que muestran claramente el momento de la expulsión.

El fondo del asunto es conocido, aunque no siempre se formule con claridad. El Sáhara Occidental no es un tema académico más. Es un proceso de descolonización pendiente en Naciones Unidas, con implicaciones jurídicas y políticas que siguen abiertas. Cuando ese conflicto entra en la universidad, lo hace con todo su peso.

Por eso, lo relevante no es solo quién organiza el acto o qué se dice en él, sino qué margen existe para cuestionarlo. Cuando ese margen desaparece, el debate deja de ser tal.

La Universidad de Zaragoza no se ha pronunciado hasta el momento. Tampoco el consulado marroquí. Mientras tanto, lo ocurrido se suma a una serie de episodios que apuntan en la misma dirección: el Sáhara Occidental no solo sigue siendo un conflicto sin resolver, sino también un tema incómodo en determinados espacios.

Y quizá esa sea la clave. No lo que se dice sobre el Sáhara, sino lo que ocurre cuando alguien intenta discutirlo.


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